SENA
Laurence Le Bouhellec
Es después de la segunda guerra mundial cuando el interés de Pablo Picasso para las artes gráficas inicia. En 1948 se instala en la Costa Azul de Francia, en Vallauris, una ciudad con más de 2000 años de tradición alfarera, trabajando en el taller de Madoura, dirigido por Suzanne y Georges Ramié. De ahí sale a menudo a visitar a su gran amigo el pintor Henri Matisse, cuya pasión es criar aves. En una de sus visitas, Matisse le regala a Picasso algunos ejemplares de sus palomas milanesas. Y, tal como lo cuenta Françoise Gilot en sus memorias: “Una de ellas tuvo una carrera política y artística muy distinguida.” En 1949 Picasso decide utilizar una de ellas para elaborar una litografía impresa en el famoso Atelier Mourlot de la capital francesa. Es la que va a escoger el poeta Louis Aragon, a quien Picasso había prometido un cartel para el Congreso Mundial de la Paz. La Colombe pronto va a cubrir los muros de la capital francesa. Símbolo universal de la paz, nombre de su segunda hija, la paloma fue también, para Picasso, un símbolo de su compromiso político.
