Luis Antonio Godina Herrera 

 

 

Si hay palabras que pueden ser sinónimas sin serlo ellas son: amor y poesía. Una es en sí misma un poema: amor. Esta palabra tiene un significado que va más allá de la connotación puramente relacionada con la sexualidad, dado que podemos sentir amor a la familia, a la patria, a la naturaleza. Se puede escribir en torno a todo ese tipo de amores. 

Poetas de todos los tiempos le han rendido tributo, han descrito y nos han dado líneas maravillosas, versos, sonetos inmensos sobre el amor. En esta entrega dejaré apuntes sobre algunos de ellos. 

Así, por ejemplo, Garcilaso de la Vega en sus Soneto V fija una de las primeras posturas sobre el amor en la poesía en español: 

 

Escrito está en mi alma vuestro gesto 

 

Yo no nací sino para quereros; 

mi alma os ha cortado a su medida; 

por hábito del alma mismo os quiero. 

 

Cuanto tengo confieso yo deberos; 

por vos nací, por vos tengo la vida, 

por vos he de morir, y por vos muero. 

 

Amar es leer lo que el otro ha escrito en uno mismo. Por su parte, Don Francisco de Quevedo en Amor constante más allá de la muerte, nos legó este par de tercetos memorables: 

 

Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido, 

Venas, que humor a tanto fuego han dado, 

Médulas, que han gloriosamente ardido, 

 

Su cuerpo dejará, no su cuidado; 

Serán ceniza, mas tendrá sentido; 

Polvo serán, mas polvo enamorado. 

 

Ya en pleno romanticismo Gustavo Adolfo Bécquer en la Rima LIII escribió:  

 

Volverán las oscuras golondrinas 

en tu balcón sus nidos a colgar, 

y otra vez con el ala a sus cristales 

jugando llamarán. 

“esas… ¡no volverán!” 

 

Pero aquellas, cuajadas de rocío 

cuyas gotas mirábamos temblar 

y caer como lágrimas del día… 

¡esas… no volverán! 

 

Pablo Neruda no solamente escribió su muy famoso texto 20 Poemas de amor y Una Canción Desesperada, sino Tambien 100 Sonetos de Amor dedicados a su esposa Matilde Urrutia; reproduzco por su belleza el Soneto XVII: 

 

No te amo como si fueras rosa de sal, topacio 

o flecha de claveles que propagan el fuego: 

te amo como se aman ciertas cosas oscuras, 

secretamente, entre la sombra y el alma. 

 

Te amo como la planta que no florece y lleva 

dentro de sí, escondida, la luz de aquellas flores, 

y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo 

el apretado aroma que ascendió de la tierra. 

 

Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni de dónde, 

te amo directamente sin problemas ni orgullo: 

así te amo porque no sé amar de otra manera, 

 

sino así de este modo en que no soy ni eres, 

tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía, 

tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño. 

 

Esta entrega no estaría completa sin nuestro Jaime Sabines, quien nos dejó uno de los himnos más hermosos al amor, en su poema Los amorosos. No encuentro mejor síntesis del amor que este par de poemas: 

 

Los amorosos callan. 

El amor es el silencio más fino, 

el más tembloroso, el más insoportable. 

Los amorosos buscan, 

los amorosos son los que abandonan, 

son los que cambian, los que olvidan. 

Su corazón les dice que nunca han de encontrar, 

no encuentran, buscan. 

Los amorosos andan como locos 

porque están solos, solos, solos, 

entregándose, dándose a cada rato, 

llorando porque no salvan al amor. 

 

Si después de leer a Neruda y a Sabines no buscamos con quien compartir y vivir el amor, no tenemos que hacer nada en esta vida. La poesía es un homenaje al amor, y el amor hace posible a la poesía. Disfrutemos de ambas cosas como si fueran una sola.