SOCIOLOGÍA DE LA SUPERVIVENCIA
Silvino Vergara Nava
“Las relaciones ya no son construcciones
duraderas, sino conexiones que
pueden ser desechadas cuando
dejan de proporcionar satisfacción.
La relación es evaluada como
un bien de consumo: mientras
produce placer se mantiene;
cuando deja de hacerlo, se desecha.”
Zygmunt Bauman
Cada año, en el mes de febrero, surgen en los medios de comunicación los datos más actualizados del aumento en el número de divorcios, del incremento del número de separaciones, de la expansión de la unión libre, y estos últimos, sin compromiso alguno, se extinguen en cuestión de pocos meses o años.
Se ponen a la luz pública las estadísticas en donde cada día son menos los jóvenes que pretenden casarse y formar una familia; si acaso llegan al matrimonio y sustituyen a la familia por los famosos “perro-hijos” que andan en los centros comerciales como hijos en sus andaderas y hasta con botas de protección.
En los desarrollos inmobiliarios, una de las razones por las que se hacen más pequeñas las casas habitación, además de abatir costos, es porque no hay familias con hijos, por eso están a la venta departamentos habitacionales que les llaman “loft” o estudio, porque solamente cuentan con una sola habitación, asumiendo que no habrá hijos, o bien, no habrá pareja, salvo la que es muy ocasional, llamados “amigos cariñosos”.
Los últimos discursos del actual secretario de educación pública en México han sostenido que en las nuevas generaciones que se están incorporando en las escuelas primarias, se ha disminuido el número de alumnos, cada vez son menos, porque las familias no procrean el mismo número de hijos que sucedía hace 30 o 50 años; familias de cuatro o más hijos, ya son historia; incluso, además de la crisis económica, las escuelas primarias, maternales, Kinder, están cerrando porque no hay los suficientes niños para incorporarse a ellas.
En medio de la guerra entre Rusia y Ucrania, a finales del año de 2025, el presidente ruso implementó programas sociales para estimular que los matrimonios y parejas procreen hijos, ya que el índice de natalidad en aquel país disminuyó. Lo mismo sucede en muchas naciones europeas, como es el caso de Italia o España. De este último se dice que hay pueblos sin niños. Es más, China que durante décadas implementó la política de contar cada matrimonio con un sólo hijo, está revirtiendo esa medida por la disminución de la población joven en aquel gigante de Asia.
Dentro de múltiples factores que se han puesto en la mesa de análisis por esta serie de fenómenos que se viven cada día con más normalidad, está el de que todo es consumo, todo lo que está en el mundo se consume, se consumen mercancías, se consumen servicios, se consumen las instituciones gubernamentales, los ciudadanos han dejado de tener ese carácter de ciudadano y se les trata por las instituciones gubernamentales como simples consumidores, consumidores de votos y, después, de derechos humanos, y se repite la historia; todo es consumo, incluyendo el amor.
Pero el consumo es el simple deseo, es una forma de sustituir, olvidar o evadir nuestras malas ocasiones, nuestros fracasos y nuestras derrotas; basta recordar al presidente Bush después de la caída de las torres gemelas en 2001, al sostener que ya todo estaba bajo control y que las familias norteamericanas podían ya salir a consumir.
Y como el consumo es satisfacer un deseo, lo que ha sucedido es que anhelamos sentirnos bien; es más, dentro de esta revolución desastrosa de expansión de derechos humanos, hay quien sostiene muy seriamente que existe el derecho humano “a sentirse bien”, y en el amor, como dicen los antiguos, desafortunadamente es estar en las buenas, en las malas y en las maduras, hay que recordar ese viejo refrán de que “cuando se acaba el dinero, el amor sale por la ventana”.
Por eso es que ahora el amor se ha consumido, es decir se ha extinguido; en la parejas, en los matrimonios, la más mínima crisis provoca una separación, un divorcio, y lo que se consume entonces es el desamor, es decir, se consume la pornografía, la prostitución, se consumen ahora la venta de niños, se consumen matrimonios por mero compromiso, o, incluso, lo que está convirtiéndose ya en un problema social, el vientre subrogado, además de que ahora, con la revolución de la tecnología de la información, se consumen sitios o aplicaciones de citas para encontrar parejas en cualquier parte del mundo, simplemente para “sentirse bien”; indudablemente, estamos viviendo en los tiempos de la post-modernidad, en donde el amor se consumió, pero el desamor se consume. (Web: parmenasradio.org)
