CINE
Agustín Ortiz
Le llamaron El partido de la muerte.
El 9 de agosto de 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, un grupo de ex jugadores del Club Dinamo de Kiev (en ese entonces prisioneros de guerra ucranianos-soviéticos) se enfrentó contra un equipo de futbol integrado por soldados de la Wehrmacht (fuerzas armadas de la Alemania Nazi) en un partido llevado a cabo en la recién tomada Kiev, que proponía demostrar la superioridad aria en contra de los subyugados, mismos que jugaban sabiendo que las consecuencias de la victoria podría implicar la muerte y tortura de los ucranianos en caso de resultar vencedores.
Y a veces el espíritu humano es terco ante la adversidad.
Como siempre debe serlo.
Con una victoria a favor de los Ucranianos de 5 goles contra 3, las represalias contra los ganadores no se dejaron esperar, siendo la mayoría del equipo detenidos y mandados a campos de concentración en las semanas posteriores al encuentro, pero dejando para la posteridad una historia que demostraría la posibilidad de un rayo de luz en la obscuridad traducido en el triunfo de un equipo que, aun teniendo todo en contra (legendarias son las tretas que emprendieron los nazis con tal de obtener la victoria, desde un arbitraje vendido hasta violencia física contra sus oponentes en pleno partido), se impuso a base de lucha y honor.
Y ese partido se convirtió en leyenda.
Una que el cine supo consagrar.
Cuarta adaptación en la gran pantalla de este suceso y muestra del talento y versatilidad que caracterizaron al cineasta John Huston (1906–1987), Escape a la victoria (Victory, 1977), convierte este hecho trágico en un llamado a la esperanza y lucha, con el futbol como perfecta metáfora del combatir ante la adversidad. Con las actuaciones de Michael Caine, Sylvester Stallone, Max Von Sydow, un ya legendario Pelé, y filmada en su clímax ante más de 50,000 personas que se reunieron en el Estadio Olímpico Yves-du-Manoir, Escape a la victoria hace por el Soccer lo que Rocky (compartiendo además, en Bill Conti, compositor) por el Boxeo: mostrar la determinación del hombre ante las circunstancias adversas sin importar no tanto la victoria como el demostrar que puede y que ningún sacrificio es en vano si se busca honrar.
Un clásico no solo para estos tiempos mundialistas.
