MUSEOS

Eduardo Pineda 

 

 

Es verdad que el futbol ya no es lo que era antes. Desde hace dos o tres décadas se ha sobrecomercializado y ha perdido el espíritu deportivo y, más aún, ha perdido la esencia que le hizo nacer en la Inglaterra postvictoriana: la competencia física y mental del hombre que ha dejado de lado la violencia y ha sabido llevar el ímpetu de victoria y la rivalidad de los pueblos a la cancha bajo una reglamentación y respeto mutuo. Y es que el futbol es tal vez el deporte que mejor representa la evolución de la guerra o los sanguinarios juegos circenses del coliseo romano, es la expresión más acabada de la identidad y la rivalidad de las tribus, y el constructo de la figura conceptual de “enemigos comunes” para los clanes que se enfrentan y las sociedades que representan.   

Sin embargo, a lo largo y ancho del planeta podemos ver que ese espíritu ya no existe. Ahora los gladiadores que luchan en calzoncillos son más bien figuras de aparador dispuestas a promover marcas de todo tipo, desde ropa y comida, hasta cosméticos y objetos de los llamados “life styling”. Una verdadera vergüenza si recordamos a figuras emblemáticas del deporte que hoy motiva mis líneas: Pelé, Diego Armando Maradona, Johan Cruyff, Alfredo Di Stéfano, entre otros. 

El capitalismo depredador y la era de la venta a toda costa y el consumismo exacerbado, se ha “tragado” al futbol. En 1986, una familia de clase media baja podía comprar boletos para ver en el estadio Azteca un partido del mundial. Hoy un boleto en el estadio Banorte (qué triste cambio de nombre) cuesta entre 10 y 20 mil pesos. Con ese dato lo digo todo. 

Sin embargo, hay intelectuales como Juan Villoro que piensan que aún hay aspectos del futbol que se pueden rescatar, por ejemplo, la semiótica social de “irle” a uno u otro equipo, la identidad, el diseño que ha acompañado a este deporte desde su origen, que se puede rastrear y en el que también hallamos deterioro, etc.   

Muestra de que la intelectualidad y la cultura aún voltean a ver a este deporte con interés, son las páginas de este número de Sibarita y lo es también la exposición que presenta uno de los museos más queridos por los mexicanos, el Franz Mayer. 

El Franz se une al interés mundialista con una exposición cuyo enfoque estará en el diseño. Con la curaduría del Dr. Kevin Moore, la muestra propone un recorrido por los nueve torneos mundiales celebrados en América, revelando cómo esta pasión también se manifiesta en el diseño plasmado en la arquitectura de los estadios, la señalización, las publicaciones, la indumentaria, la gráfica y cada uno de los elementos que dan forma al espectáculo deportivo más visto del planeta. Las salas reúnen memorabilia, fotografías y una serie de objetos utilizados por grandes leyendas, desde Hugo Sánchez, Pelé y Diego Armando Maradona, hasta Lionel Messi y Cristiano Ronaldo. 

Sirva así esta página que ejemplifica con el Franz la atracción que provoca el mundial de la FIFA para que nos ataña desde la óptica de la crítica y memoria, a sabiendas de que esta se acompañará de una inevitable melancolía. 

 

 

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