LA CAVERNA 

Miguel Campos Quiroz 

 

 

Es muy probable que, al lector casual, que, aunque guste del que es el deporte más popular de nuestro país y del mundo no esté no obstante empapado de conocimientos deportivos más profundos en cuanto a historia, economía y alcances culturales del futbol, se extrañe al leer el título de este artículo. 

Es comprensible que así sea. Generalmente, se suele juzgar como potencia en un determinado deporte a equipos o naciones que han ganado muchos campeonatos, y en el caso del futbol, la Copa Mundial es sin duda el más alto referente cuando se piensa en términos de selecciones nacionales. Y el hecho es que nuestro país jamás ha ganado una Copa del Mundo.  

¿Es entonces equivocado decir que somos una potencia futbolística? No lo es si tomamos en cuenta algunas consideraciones. 

La primera y la más obvia es que el nuestro es un país futbolero por excelencia. Con una base de fanáticos enorme y muy sólida, es desde el siglo pasado el deporte más popular en México. Su impacto cultural en nuestro país es tan grande, que un partido importante, sea de selección o de liga nacional, es capaz de paralizar a una buena parte de la actividad del país, cosa que no sucede con otros deportes, por lo menos en la misma medida. Además, el impacto económico del futbol es enorme en México: llena estadios, vende entradas, vende marcas, ropa y souvenirs, exporta jugadores talentosos a importantes ligas europeas. Tan solo el importante movimiento económico que genera este deporte en nuestro país ya debería ser suficiente para que consideráramos a México una potencia del futbol. 

Pero hay mucho más. 

Probablemente a nivel selección, México no ha logrado nunca mucho en los mundiales. Pero en cambio, en este 2026 nuestro país se convertirá por tercera vez en sede mundialista, lo cual no es poco decir. 

Y aquí conviene mencionar, aunque sea de manera breve, un poco de la historia de los torneos importantes de fútbol de los cuales México ha sido anfitrión o que han tenido importancia para nuestro país. 

Cuando hablamos de la historia del futbol, damos una enorme importancia a la Copa Mundial, pero olvidamos la enorme trascendencia que otro evento deportivo tiene para este deporte y para muchos otros: los Juegos Olímpicos. 

En octubre de 1968, el nuestro se convirtió en el primer país iberoamericano en ser sede de unos Juegos Olímpicos, evento que no se repitió en nuestra región del mundo hasta el año 2016 con los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, en Brasil, que además es otro país de gran tradición futbolera. 

La Llama Olímpica del año 1968, conocida como el «Fuego de la paz», fue encendida en la antigua Olimpia, Grecia, y abandonó el Viejo Continente vía España para llegar finalmente a su destino en el estadio olímpico de la Ciudad de México en una fecha tan simbólica como lo es el 12 de octubre, conmemorando así el encuentro del Viejo y el Nuevo mundos. Con ello, inició la justa deportiva más importante del mundo, que daba la bienvenida a atletas de todos los deportes importantes de muchas naciones, entre ellos el futbol. México se convertía así por primera vez en sede de un torneo de futbol de importancia internacional. Aquel año, el campeón olímpico de este deporte fue Hungría. 

Tan importantes han sido los Juegos Olímpicos para la historia del futbol en nuestro país, que, aunque jamás hemos sido campeones del mundo, ya fuimos campeones olímpicos en los Juegos de Londres 2012, y ese no es un honor menor. Y se ganó nada menos que contra otra selección considerada una potencia en futbol a nivel mundial: la selección de Brasil. 

En cuanto a México en la historia de los mundiales de futbol, poco ha figurado como selección, pero como país anfitrión ya ha sido dos veces sede de la Copa del Mundo: en 1970 y en 1986. Este último año nos dio momentos tan icónicos y memorables para la cultura popular de la última parte del siglo XX, como la selección de Argentina ganando el campeonato con Diego Armando Maradona siendo su figura más legendaria, y su no menos legendario gol apodado «la mano de Dios» en el partido que Argentina jugó contra Inglaterra en ese mismo torneo y que se quedó como una imagen para la posteridad. Y sucedió aquí, en nuestro país. 

Este año, en este mes de junio, México volverá a ser sede de la Copa Mundial de Fútbol, y se convertirá así en el único país en la historia de los mundiales en ser tres veces anfitrión, pasando así a la historia como el primero en recibir tres mundiales. Y lo será en circunstancias extrañas. Primero, porque será la primera vez que se tratará de una sede compartida. México no será el único anfitrión, sino que lo serán los tres países de Norteamérica. Segundo, porque tanto México como Estados Unidos están ahora atravesando por circunstancias históricas complejas que, según algunos analistas, podrían incluso llegar a poner en riesgo tanto el evento como a los asistentes a él. 

Sea como sea, el hecho de que la FIFA haya elegido tres veces a nuestro país para ser sede mundialista nos habla sin duda de la importancia estratégica y comercial que tiene México a nivel internacional, y sin duda su historia en los más importantes eventos deportivos del mundo así lo atestigua. Eso en cierto modo nos convierte en una potencia. 

Esperemos que esta Copa Mundial sea la fiesta que debe ser, que sea un motivo de alegría para todos sus asistentes, y que se desarrolle en paz y sin violencia de ningún tipo.