SENA 

Laurence Le Bouhellec 

 

 

A finales del siglo XIX abre sus puertas en la capital francesa el primer Parc des Princes con un aforo máximo de 3 000 personas. En aquel entonces no es más que un velódromo al aire libre. Sin embargo, se transformará radicalmente a lo largo del siglo XX, al empezar a albergar competencias de futbol y rugby. En 1932 ya cuenta con capacidad de 45 000 espectadores. Pero es su espectacular modernización emprendida bajo el presidente Georges Pompidou la que le permitirá, en 1974, volverse el hogar del club Paris Saint-Germain. El último Parc des Princes data de 2011, con la llegada de Qatar Sports Investments al frente del club, y se distingue ahora como uno de los estadios más emblemáticos del viejo continente, con enormes pantallas y una capacidad de 48 000 personas. 

El 26 de marzo de 1952 el Parc des Princes fue el escenario de un partido amistoso entre el equipo de Francia y el equipo de Suecia. Por primera vez en la historia del futbol francés, fue un partido nocturno, totalmente iluminado por luz eléctrica. Aquella histórica noche, en las gradas, estaba el pintor Nicolas de Staël, acompañado de su esposa Françoise. Quedó maravillado por la luz, los colores, el juego y los movimientos de los deportistas. De regreso a casa, dio rápidamente inicio a la producción de una serie de dieciséis obras de muy pequeño formato, plasmando sus primeras impresiones del partido sobre el lienzo, en un lenguaje de corte más abstracto que realista, más acorde con el fulgor de la emoción vivida.  Después de un mes de trabajo, terminada aquella peculiar serie de futbolistas, iniciará con una obra de gran formato -200cm x 350cm-, Le Parc des Princes, alcanzando un precio de salida de veinte millones de euros en una venta realizada por la casa de subasta Christie’s, en 2019.   

Le Parc des Princes es considerada por algunos especialistas como una verdadera obra maestra del arte moderno occidental. En su monumentalidad, lo que nos da a ver Nicolas de Staël son peculiares e intensas combinaciones de formas coloridas, plasmadas con mucha textura y luz, y que, mediante sus precisos contrastes, sugieren un alto grado de movimiento. Cabe resaltar el hecho de que el artista no aplicó los colores de manera homogénea, sino que, muy al contrario, a cada color le dio un grueso específico, sobreponiendo capas sobre capas, dirigiendo con movimientos específicos su aplicación con el cuchillo, logrando de esta manera un lenguaje visual sumamente peculiar: un color avanza mientras otro retrocede, se hunde o medio se esconde, tal como lo hacen todos y cada uno de los futbolistas durante un partido. “Entre cielo y tierra, sobre el pasto rojo o azul, una tonelada de músculos revolotea…” escribe, emocionado, a su amigo el poeta René Char, quien lo invitó a aquel famoso partido del 26 de marzo de 1952.  

Nicolas de Staël se suicidará tres años después, en 1955, incomprendido en su momento, alabado ahora como uno de los más auténticos y prodigiosos artistas de la postguerra, capaz de transformar un simple partido de futbol en una verdadera obra de arte.