SOCIOLOGÍA DE LA SUPERVIVENCIA 

Silvino Vergara Nava 

 

 

“Unos trabajan cada vez más 

 porque necesita más que lo  

que consumen: y otros trabajan  

cada vez más para seguir  

consumiendo más  

que lo que necesitan”. 

 

Eduardo Galeano 

 

 

Sin lugar a duda que la famosa liberación femenina tuvo sus consecuencias en el mercado. Siempre se habla de los logros de la mujer para contar con un trato igualitario, para que sean respetadas como mujeres, para que el propio Estado y sus instituciones, pero sobre todo la sociedad, brinden el trato digno que se merecen, lo cual es un logro muy, pero muy merecido y sobre todo necesario. 

Pero de lo que muy poco se hace mención es de ¿por qué las grandes empresas, las transnacionales, los monopolios y los oligopolios del mundo, apostaron por apoyar esa libertad femenina? Es bien sabido que estas grandes corporaciones impulsaron esa propagación del respeto de los derechos de las mujeres, ya sea por estas mismas, o bien por sus filiales asociaciones y fundaciones que auspician y que presionan a los gobiernos para implementar en su legislación estos derechos. 

Desafortunadamente, muchos de los derechos que nos son brindados a los ciudadanos de a pie, atrás tienen, en los últimos tiempos, sobre todo, una razón económica, por ejemplo, el horario de verano que algún día funcionó en muchos países, más como imposición global, se vendió con la idea de que se ahorraría energía eléctrica; esto en las casas, en las pequeñas tiendas, oficinas, talleres no sucedió, nunca se visualizó el ahorro. En realidad, se debió a que, si las personas salen de su trabajo con luz de día, esto impulsa a que no acudan directamente a sus casas a descansar, sino se desvían a los supermercados, plazas comerciales, cines, etc., a consumir. 

Así, el impulso a estos derechos de las mujeres tristemente no fue solo porque fueran respetadas, sino que las grandes corporaciones vieron en ellas el potencial de tratarse de consumidoras y no depender económicamente del hombre, llámese padre, abuelo, hermano, esposo, novio, amante que les patrocine el consumo; vieron en este sector de la humanidad un enorme mercado que no existía. 

La experiencia de estas medidas económicas atrás de muchos derechos o políticas públicas de simples buenas intenciones la tenemos como en el caso de que en los años cincuenta del siglo pasado, las empresas farmacéuticas ya contaban con las medicinas para el estrés, pero en Estados Unidos de América no había estresados, entonces tuvieron que producir la enfermedad y propagarla; o bien lo que sucede con la empresa que anteriormente se llamaba monsanto, (adquirida en 2018 por Bayer), que produce semillas genéticamente modificadas y que vende la semilla y, de paso, las vitaminas y medicinas para combatir las enfermedades que acarrea esa semilla. 

Esto mismo pudiera decirse de estos grandes monopolios: visualizaron con los derechos de la mujer potencialmente un mercado, incluso más grande que el consumidor masculino, y más aún con la independencia y libertad de hacer y disponer de su dinero. 

Hoy es sabido que hay una gran cantidad de productos en el mercado para las mujeres, desde ropa, incluso ahora ropa deportiva, de gala, productos de belleza y cuidado de la persona, maquillaje, zapatos, bolsos, carteras, lentes, joyería, artículos de despensa, comestibles, artículos de higiene y salud femenina, perfumes, fragancias, lencería, accesorios móviles, etc., es decir, los productos para las mujeres se han multiplicado y, desde luego, el consumo de estos es impresionante. 

Además, estos productos existen para todos los gustos y todos los precios, desde lo más sofisticado y oneroso, hasta lo más económico; hay para todas, llega a los últimos rincones del planeta, a las poblaciones más lejanas, posiblemente no tengan agua potable, energía eléctrica en muchas poblaciones del mundo, pero si se cuenta con un lápiz labial o barniz de uñas en cualquier parte del mundo que se puede adquirir. 

La ciencia y la tecnología que tanto han avanzado representan un reto para el derecho y para la humanidad, pues hasta dónde permitir esos avances de la ciencia y la tecnología, que desde hace mucho tiempo no son auspiciados por científicos o por los gobiernos, sino principalmente por las empresas que cuentan con capacidades económicas enormes, y por eso estos inventos, descubrimientos y avances de la ciencia y la tecnología han aumentado sobre todo en el campo del mercado femenino. Hoy el mercado está en los avances tecnológicos. 

Basta con considerar las famosas cirugías plásticas para embellecer cualquier parte del cuerpo, los tratamientos para aclarar el color de piel, el cambio de color de ojos, de cabello. Es más, se habla de las fiestas de botox, que son reuniones de mujeres para llevarse a cabo un tratamiento estético; desde luego, todo esto es consumo. 

Cabe señalar que el mercado de la estética del cuerpo humano ya no es exclusivo de las mujeres. Sin embargo, las principales consumidoras son ellas, al grado de que hoy hay muchos problemas jurídicos respecto de este perfeccionamiento del cuerpo femenino y del consumo sobre la estética del cuerpo. Por eso es que se ha propagado en el mundo la subrogación del vientre, en donde sea otra mujer la que tenga en su cuerpo al bebé, para no ser afectada en su complexión la mujer que tiene la capacidad económica de contar con un hijo, sin afectar su imagen, su cuerpo, su estética. ¿Hasta dónde vamos a llegar con esos avances de la tecnología que son para el simple consumo de la humanidad? ¿Podemos seguir gritando: “mujeres al borde de un ataque de compras”?

 

 

Web: parmenasradio.org