MUSEOS 

Eduardo Pineda

 

 

Ubicado en el corazón de Oaxaca, cuenta con más de 300 etiquetas de mezcal y un espacio de degustación; es el centro Cultural del Mezcal, que se ha convertido en un verdadero recinto de veneración a la bebida ancestral que protagoniza los ensueños de un pueblo que imagina, llora y goza besando a cuentagotas el fruto destilado del maguey.  

El mezcal es una bebida ancestral mexicana que ha logrado captar la atención de todo el orbe; su proceso de elaboración es complejo e involucra tiempo, trabajo, paciencia y dedicación. Hasta hace algunos años, la labor de transformar el agave era ignorada, pero no fue hasta hace poco -y gracias al trabajo de muchos- cuando ha logrado avanzar con pasos firmes hacia el reconocimiento que se merece. 

El Centro Cultural del Mezcal es el archivo, museo y espacio de degustación más grande del mundo; está dedicado a promover este destilado cien por ciento mexicano; ubicándose en el centro histórico de Oaxaca, al interior de una casona con más de 300 años de historia, este lugar cuenta con cinco salas que exponen de manera gratuita el proceso de creación del mezcal industrial, artesanal y ancestral. 

Este espacio sagrado, oratorio de la bebida divina, educa a los visitantes con textos en español e inglés acerca de los tipos de magueyes, las regiones productoras de Oaxaca y los sabores que se atribuyen a los distintos tipos de agave y su proceso de elaboración. 

La chef Itzel Paniagua, junto con sus socios en este proyecto, vieron la necesidad de poner su granito de arena y continuar con la educación en torno al mezcal. Fue entonces cuando unieron esfuerzos para crear este templo que, a su vez, cuenta con un bar denominado “El Gallo”, bajo la creatividad del mixólogo Pepe Martínez. 

En el patio central, el chef Rodrigo Pacheco ofrece un menú de desayunos y canapés, inspirado en las raíces oaxaqueñas y con distintas opciones para maridar. Próximamente, este centro cultural también abrirá las puertas de un restaurante con una propuesta alternativa, en el jardín trasero, convirtiéndose en un complejo dedicado al aguardiente emanado del corazón de los hombres y del corazón de los magueyes. 

Fue hace algunos años cuando Itzel Paniagua contrajo matrimonio en el jardín etnobotánico de Santo Domingo. Desde entonces, mantiene un profundo cariño a esta entidad que vio nacer su nuevo proyecto. 

El recinto que hoy nos convoca a leer y beber, apoya y promueve a los productores locales, ofreciendo espacios para la exhibición de los destilados de la región, de artesanías relacionadas con el mezcal, así como insumos para su elaboración y consumo, convirtiendo la práctica de la ingesta de mezcal en todo un rito sagrado de trascendencia etílica.   

 

 

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