SOCIOLOGÍA DE LA SUPERVIVENCIA
Silvino Vergara Nava
“Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
…
Que no practican cultura, sino folklore
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
…
Que no hacen arte, sino artesanía.
Eduardo Galeano
El debate en el mundo postmoderno es la valoración de los productos que se hacen de manera artesanal, ¿se valoran o se desprecian?, y ¿por qué a veces se desprecia lo artesanal y otras ocasiones se valora y sobre manera?
Siempre se ha dicho que la diferencia entre los países más avanzados y los que estamos en el subdesarrollo, es que en aquellos llamados del primer mundo todo lo que se hace es de forma industrializada, ya nada es artesanal; por ende, el éxito es que lo industrial es masivo y todo es de la misma calidad, no hay variaciones, ni cambio alguno, está estandarizado.
En cambio, en lo artesanal se dispensa que es muy poca la producción, varía un producto con otro, incluso en ocasiones de forma considerable; así, la diferencia entre los países del primer mundo y los países subdesarrollados tiene que ver con la producción, allá todo es industrializado, aquí todo es artesanal; esto es en gran parte la herencia que nos ha dejado el mundo moderno.
En los países del primer mundo ya se habituaron a que todo sea industrializado, no hay cambio alguno por la mano humana que participa en ese proceso. Desafortunadamente eso ha ocasionado en parte, el peor mal de la post-modernidad: la indiferencia.
Pero en lo artesanal es evidente que la mano humana que participa en ese proceso modifica el producto final, se ve la mano del artesano; en el otro caso, en lo industrializado, no se ve la mano del ser humano, es más, en el primero se le llama artesano, en el otro caso, en el mundo industrializado, se le llama obrero.
En el primer mundo, lo artesanal se perdió, incluso se llegó a un sistema estandarizado, hasta en la comida. A ese mundo estandarizado es a lo que se le denomina como: mac-donalización, y que es una forma de organización, de producción muy reconocida, que consiste en que para la producción, y no nada más de las hamburguesas, el producto final no cambia en peso, apariencia, color, sabor, etc., y sobre todo, en ese sistema de mac-donalización la capacitación para el personal es muy sencilla, y como consecuencia de ello, la mano de obra es sumamente económica, no se requiere más que seguir los pasos ya establecidos. En resumen, no se requiere pensar para trabajar.
En el mundo artesanal las cosas son diferentes. Se necesita de experiencia. Ese tipo de producción proviene del mundo premoderno, que estaba conformado por talleres en donde se encontraba al maestro y sus ayudantes, practicantes o aprendices; estos deberían de estar allí para conocer los procesos, para aprender del maestro. Con los años el aprendiz es el maestro. Pero a veces, eso no es suficiente, la experiencia no es suficiente para forjar a un buen artesano; adicionalmente se requiere de algo muy propio para generar el producto, a eso se le llama actualmente vocación, pero aun esa palabra no llena todo lo que representa ser un verdadero maestro de un trabajo artesanal, es algo aún más profundo para tener el carácter de maestro.
Todavía hay profesiones que requieren de ese talento propio para hacer al maestro. Hoy se le llama al profesionista exitoso. En realidad, profesiones como el médico o el abogado, aún requieren de ese proceso premoderno de estar junto al maestro, aunque cada día ese tipo de proceso de aprendizaje va de salida, pues en esta post-modernidad, en donde se encuentra confundido los derechos con los deberes, un médico, por ejemplo, ya no hace auscultaciones, prefiere los estudios de laboratorio para que no sea denunciado por acoso sexual o algo por el estilo por su paciente, por ende solamente aprende de forma técnica a leer los estudios de laboratorio, estos sustituyeron la auscultación, la experiencia y la vocación.
Los productos industrializados se venden a granel, se venden en los supermercados, se reparten a domicilio, sobre todo después del covid; es más, en algunos países el reparto de mercancías industrializadas es tan grande que, para hacerlo funcional, se reparte con drones o con robots; se ha masificado.
En cambio, el producto artesanal no puede, no le alcanza la capacidad al artesano para hacerlo de esa forma; la diferencia es el mercando: las mercancías industrializadas están en los supermercados; la artesanía, en los famosos mercados de pulgas.
Sin embargo, últimamente a pesar de que la tecnología ha avanzado tanto, se ha incrementado la necesidad en la industria, en los países del primer mundo, de contratar profesionistas capaces, con conocimientos, desde luego muy técnicos, sumamente especializados, que requieren de la capacidad y vocación propia de los profesionistas, a esas mujeres y hombres se les denomina “talento”; no son personas, son “talentos”, y como “talentos” se les consiente: trabajan en sus casas, a distancia; muchas canonjías por la capacidad propia de la persona; son contratados por eso que se llama experiencia y vocación, y ese algo más que no queda nada más en la aptitud, diferente a la actitud; esos talentos se los roban unas empresas a otras, saltan de una empresa a otra obteniendo mejores prestaciones; sin embargo, esos talentos son diferentes a los artesanos.
El talento expira, son talentosos, en tanto pueden soportar cargas de trabajo, viajes, presiones, pero eso se acaba. En cambio, el artesano no, el mejor artesano es el viejo, el experimentado, pues el talento expira, los denominados “talentos” no son los viejos artesanos.
En fin, la artesanía, el artesano, lo artesanal siguen en la disyuntiva de valoración o desprecio; mientras tanto, se encuentran en peligro de extinción.
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