Luis Antonio Godina Herrera

 

En el diccionario podemos encontrar la diferencia entre mito y leyenda, términos que a veces se suele confundir. La RAE define mito como: “Narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico.” A leyenda, por su parte, la identifica de la siguiente manera: “Narración de sucesos fantásticos que se transmite por tradición.” Por tanto, sostengo que el origen de la poesía tiene como una de sus fuentes ambos conceptos.  

La poesía es la manera en que se alimentan los mitos y las leyendas. Es la forma primigenia en que se expresan. La Ilíada y la Odisea son una mezcla de ambos. La mitología griega es la fuente inspiradora de Homero, hace de la historia mito y también leyenda. Troya existió, pero lo que pasó ahí es mito y es leyenda. El Mío Cid es la leyenda clásica. Ulises en su regreso nos enseña la fuerza, la porfía, y el Cid la forma en la que se genera una patria. La poesía es entonces también memoria. 

En su momento el mito permitió de manera poética explicar el mundo: Prometeo roba el fuego; Ícaro asciende demasiado; Orfeo desciende al mundo de los muertos. Si fueron ciertos o no resulta secundario, la forma de imaginar el llegar al sol, tener el fuego o hacer de la música una forma de entender al mundo, es lo que nos queda. 

La leyenda de Ixtlacíhuatl y Popocatépetl descrita por José Santos Chocano en el Idilio de los Volcanes, nos ilustra la profunda imbricación de ella, la poesía, con los volcanes: 

El Ixtlacíhuatl traza la figura yacente 

De una mujer dormida bajo el Sol. 

El Popocatépetl flamea en los siglos 

Como una apocalíptica visión; 

Y estos dos volcanes solemnes 

Tienen una historia de amor, 

Digna de ser cantada en las compilaciones 

De una extraordinaria canción. 

… 

Duerme en paz, Ixtacíhuatl, nunca los tiempos 

Borrarán los perfiles de tu expresión. 

Vela en paz. Popocatépetl: nunca los huracanes 

Apagarán tu antorcha, eterna como el amor. 

  

Con esta leyenda crecimos quienes disfrutamos todos los días el paisaje de esos dos enamorados. Jorge Luis Borges fue un escritor que acudió de manera frecuente al mito y a la leyenda. Fervor de Buenos Aires, El Hacedor o Ficciones son una muestra genial de ello. Comparto un fragmento del poema El Tango, que cobija esta relación del poeta con el mito: 

Una mitología de puñales 

lentamente se anula en el olvido; 

una canción de gesta se ha perdido 

en sórdidas noticias policiales. 

 

El mismo Borges en Heráclito nos deja una muestra de esta relación casi biunívoca:  

¿Qué trama es ésta 

del será, del es y del fue? 

¿Qué río es éste 

por el cual corre el Ganges? 

¿Qué río es éste cuya fuente es inconcebible? 

¿Qué río es éste 

que arrastra mitologías y espadas? 

Es inútil que duerma. 

 

Ramón López Velarde, el jerezano eterno, escribió Poema de Vejez y de Amor; en él identifica su amor por Fuensanta y lo eleva a una leyenda: 

¡Oh, Fuensanta! Mi espíritu, ayudado 

de tus manos amigas, 

ha de exhumar las glorias del pasado: 

en el ropero arcaico están las ligas 

que en el día nupcial fueron ofrenda 

del abuelo amador 

a la novia de rostro placentero, 

y cada una tiene su leyenda: 

 “Tú fuiste, Amada, mi primer amor, 

 y serás el postrero”. 

         

El mismo López Velarde le declara su amor a la Suave Patria renunciando al mito y lo admite como fervor a lo cotidiano: 

Suave patria: te amo no cual mito, 

sino por tu verdad de pan bendito, 

como a niña que asoma por la reja 

con la blusa corrida hasta la oreja 

y la falda bajada hasta el huesito.” 

 

En tiempos de la inteligencia artificial pensar en mitos, imaginar leyendas, parecería ocioso, salvo que hacerlo nos hace humanos, nos acerca a la poesía, no permite seguir vivos.