TEATRO 

Rodolfo Meléndez Sánchez

 

Todo parte de una base y esa son el mito, la leyenda y el relato popular, que viajan a través del tiempo para reencontrarse con cada obra, con cada canción, pintura, panfleto, y escrito. Antígona, Medea, Penélope, Edipo y Prometeo resucitan y mueren cada vez que son referenciados o incluso imitados cada que abre el telón.  

En el estudio Recuperación y ampliación del mito de los labdácidas en Antígona de Sófocles. Su funcionalidad en la dinámica dramática, Pedro Villagra Diez, de la Universidad Nacional de Córdoba, examina la herencia de la tragedia griega en cada narración contemporánea. El autor, al igual que Colón, descubrió algo que millones ya sabían, y eso es que hasta los clásicos retomaban acontecimientos populares, y que de ellos se inventaban todo en el camino. 

El mito proporciona a los personajes y el contexto, y el trabajo del escritor es el saber involucrar al espectador dándole situaciones reconocibles o que le sean familiares. De ahí la importancia de que el folklore trate con temas universales. 

 

Antígona  

Sófocles presenta en la tragedia de Antígona un ejemplo de ese viaje y transformación: Los labdácidas, que canónicamente vienen siendo los familiares de Edipo, están malditos, y las generaciones venideras están condenadas a padecer muertes y enfrentamientos. Cuando Etéocles y Polinices se matan mutuamente, Creonte asume el gobierno de Tebas y prohíbe dar sepultura a Polinices, considerado enemigo de la ciudad. 

Aquí entra esa pincelada autoral, con la desobediencia de Antígona, que impone a las necesidades del gobernante su propio honor familiar y creencias religiosas. Villagra Diez señala que no hay registro o testimonio del hecho relatado, y que esto se trata de la imaginación de Sófocles dándole a la historia ese toque de suspenso que siempre viene bien para hacer de cualquier relato algo más trascendente.  

El segundo estásimo de la tragedia cumple una función importante en la construcción del conflicto. Mediante el canto del coro, integrado por ancianos de Tebas. La desgracia de la familia deja de ser un acontecimiento que sólo perjudica a los labdácidas para adquirir una dimensión colectiva. Los versos recuperan los infortunios de las generaciones anteriores y anticipan nuevas consecuencias para los descendientes de Edipo. 

Estos versos son un domino de eventos desafortunados precedidos desde el mito original. Villagra Diez identifica que la progresión dramática deviene de la determinación divina, conducta humana, y por supuesto de las consecuencias de las decisiones individuales, que funcionan como una fuerza kármica que condena el destino de terceros, convirtiéndose esto en una masacre moral. El mito, desde que la vida es vida, ha servido como una manera de alienar a la población a no asomarse a los resquicios de su corazón y tomar decisiones basadas en estrictas normas de conducta. 

 

De la tragedia antigua a tus propios problemas 

En el estudio El teatro español de las últimas décadas y el mito clásico, Carmen Gallardo, de la Universidad Autónoma de Madrid, analiza diez obras estrenadas o publicadas en España entre 1992 y 2007. En este estudio la autora identifica una tendencia de escritores y escritoras, yéndose más por el páramo político antes de la moral.  

Todo arte es político, bendita sorpresa. 

Para este nuevo enfoque político, curiosamente aparecen las figuras de Electra, Medea, Fedra, Clitemnestra y Penélope. Iztiar Pascual, en 1996, escribe Las voces de Penélope. En esta historia tres mujeres encaran la soledad, y una tedia espera por la figura patriarcal que no llega. Ante esta falta de guía, la protagonista busca alternativas. En esta búsqueda de independencia el adulterio se presenta como una forma de prescindir de ese regreso. 

Diana de Paco explora en Polifonía las consecuencias que padecen las “que se quedan”. Penélope, Medea, Fedra ven desde la distancia que el ego y la guerra traída por el hombre son la principal causa y consecuencia del infierno que viven en su cotidianidad. Le quita todo lo heroico a Ulises, Jasón, Teseo y Agamenón. Héroes canonizados reducidos a simples peones e instrumentos de guerra. 

Esta obra, con mucha sutileza aborda la marginación y xenofobia desde la lente de Medea, como mujer extranjera. De Paco, no crea mártires, ni santas, ya que no exime a sus protagonistas de sus propias responsabilidades, pero sí crea un contexto que gira en torno a todo lo destruido por el patriarcado. 

Volvemos con de Paco. En La Orestiada. Cenizas de Troya, Diana recupera el mito de Agamenón para reintroducirlo a un público contemporáneo cambiando el marco histórico del relato, ya que propone a la democracia como una alternativa a las represalias personales que provocaron la destrucción familiar del gobernante de Grecia. 

De todos, me atrevería a decir que Alfonso Zurro es el más creativo. A solas con Marilyn, utiliza la historia de Medea, de forma indirecta, para una protagonista que es cajera de un supermercado que debe lidiar con el abandono de su marido, que al mismo tiempo amenaza con quitarle a su hijo, lo que la lleva a cometer un crimen que será el eje desencadenante de todas sus desgracias que le deparan en la historia. Esta pieza es sostenida por problemas meramente cotidianos como los celos, el abandono, la violencia de género y vicaria.  

 

Calderón  

El estudio Hacer teatro del mito, de Guadalupe Sobrón Tauber, publicado en 2025 en el Anuario Calderoniano, se examina el tratamiento de los materiales mitológicos en La fiera, el rayo y la piedra y La estatua de Prometeo, de Pedro Calderón de la Barca. 

La investigación analiza cómo el dramaturgo recupera relatos grecolatinos, combina elementos procedentes de distintas tradiciones y modifica sus componentes para construir obras con sentidos propios. En La fiera, el rayo y la piedra, las metamorfosis y los conflictos amorosos permiten desarrollar situaciones cómicas y reducir el peso de ciertos acontecimientos trágicos de las leyendas originales. 

De la Barca recupera relatos grecolatinos y lleva la apropiación cultural al siguiente nivel al combinar fetiches y parafernalias de distintas tradiciones para construir obras cada vez más propias. 

Si lo original no existe, el respeto tampoco. 

Cámbiale el tono y roba de todos lados. En La fiera, el rayo y la piedra, desprende situaciones chuscas y de lo más graciosas, de tragedias y conflictos personales. O plantea interrogantes sobre la incapacidad de decisión humana al crear figuras de piedra y barro dotados de poderes y falsos conocimientos (La estatua de Prometeo). 

En su momento, el mito sirvió como una forma de control mental para una sociedad que necesitaba de guía y conocimiento. Ahora, Odiseo sirve para enriquecer a artistas que quizás lo saben todo, y si no, en el camino se lo inventan.