MINUCIAS DEL IDIOMA
Miguel Campos Ramos
En un noticiario de la televisión nacional el conductor daba la siguiente noticia:
“Descarriló un ferrocarril en el norte del país”.
Por supuesto, de no haber sido por la explicación del reportero, no nos habríamos enterado de que fue el propio ferrocarril el que “se descarriló”, no que dicho ferrocarril “descarriló a otro”.
El pequeño problema es que este verbo, como muchos otros, opera de dos formas: como transitivo y como reflexivo.
Los verbos transitivos llevan antes de ellos un sujeto que ejerce la acción descrita en el verbo. Veamos esta frase: “Un ferrocarril descarriló a otro en el norte del país.” Es decir, un ferrocarril puede ser sujeto y descarrilar a otro, sacarlo de los rieles.
Por el contrario, como verbo reflexivo requiere el pronombre “se” antes, para que se entienda que la acción recae en el mismo sujeto. Es justamente el ejemplo de la noticia dada por el periodista mencionado: “Descarriló un tren en el norte del país”, que debió ser: “Se descarriló un tren en el norte del país.”
Este es el mismo caso del verbo “casar”. Seguramente recuerda usted a locutores diciendo cosas como: “Fulano casó con zutana.”
En este caso, quienes pueden ejercer la acción de “casar” son un juez o un sacerdote (ministro o pastor, según la religión de los contrayentes). “El sacerdote fulano casó a zutano y mengana”, es un ejemplo correcto. Pero cuando se quiere decir que dos personas contrajeron matrimonio, hay que anteponer el pronombre “se”, para señalar que la acción recae en quienes la ejecutan, donde, por cierto, tratándose de dos o más agentes, el verbo se vuelve “recíproco” puesto que actúa sobre ambos, pero de todos modos requiere el pronombre “se”. He aquí un claro ejemplo: “Pedro y Catalina se casaron.”
Por eso molesta que animadores, locutores, conductores o cronistas deportivos en los medios de comunicación, abusen de la falta de dicho pronombre, y ahora, por ejemplo, en la crónica deportiva, se escuchen cada vez con mayor frecuencia aberraciones como las siguientes: “El delantero resbala”, “El portero derrapa”, etc. A estas dos frases les falta el pronombre, pues igual se podría entender que “El delantero resbala el balón”, esto es, hace “resbalar al balón”. Igual en el segundo ejemplo.
El abuso en el manejo de estos verbos acabará transformándolos. Pero no se vale que quienes son, por su influencia al estar tras un micrófono o ante una cámara, portavoces de formas de usar el idioma, muestren a los oyentes o televidentes estructuras que chocan con las más elementales normas gramaticales aprendidas en la escuela. Si no, ¿para qué tanta clase de gramática?
