SOCIOLOGÍA DE LA SUPERVIVENCIA 

Silvino Vergara Nava 

 

 

“Agua pasa por mi casa,  

cate de mi corazón,  

el que no me lo adivine,  

es un burro cabezón.” 

 

¡El agua hasta en las adivinanzas! Verdaderamente que no podemos vivir sin el agua, lo mismo que no podemos vivir sin las adivinanzas del denominado vital líquido; todos lo sabemos, está de sobra recordar la necesidad del agua para la vida, al grado de que sin el agua no hay vida. 

Por tratarse el acceso al agua de una necesidad humana es que se ha considerado como un derecho humano, precisamente porque resulta indispensable para la subsistencia; caso contrario a otras ocurrencias sobre los derechos humanos, como es el caso del derecho a “sentirse bien”, que ha desbordado otros supuestos derechos, que de derechos no tienen nada, como lo que ha surgido últimamente con los individuos que se consideran animales, y otras ocurrencias más que modifican los derechos humanos en simples deseos humanos. 

Y, así como el agua resulta tan indispensable, de la misma forma resultan indispensables las adivinanzas, que según la real academia de la lengua española son: un tipo de acertijo o enigma popular, generalmente formuladas en verso y con rima, que describen algún objeto, animal, fruta, persona de forma indirecta o figurada para que sea adivinado. 

¿Para qué sirven las adivinanzas? Sencillamente sirven para que los niños piensen, para que desarrollen su imaginación, para que se desenvuelvan mentalmente. Y así como el agua es tan escasa, al grado de que, se dice por los futurólogos, la tercera guerra mundial será la lucha por su control, de la misma forma, escasas son actualmente las adivinanzas. Ya sólo ocasionalmente se hace mención de las adivinanzas, algo con lo que los padres de familia jugaban con sus hijos, lo que despertaba en éstos la necesidad de jugar pensando. Hoy esto ha sido sustituido por los videojuegos, los celulares, las aplicaciones electrónicas, las plataformas, etc., de forma que las adivinanzas escasean. 

Hay que recordar que hace 6 años, desafortunadamente dentro de lo que sucedió a la humanidad con el Covid, fue alta la inmovilidad de las personas, al grado de que tuvimos que guardarnos en nuestras casas y a los menores de edad los dejaron sentados en un sillón seis u ocho meses, al extremo de que muchos de ellos perdieron hasta su propia movilidad, y la forma de controlarlos, de entretenerlos durante ese largo periodo, no fue jugando con las adivinanzas, sino con los videojuegos, con los equipos electrónicos, que simplemente hacen autómatas a los menores; así de escasas resultaron las adivinanzas en esos tiempos, lo mismo que el agua. 

Ya han circulado en los medios de comunicación medidas que se están imponiendo en otros países sobre la prohibición del uso de los medios electrónicos a los menores de edad, restricciones para no poder hacer uso de los mismos en las escuelas, en los centros de estudios; es más, se ha sostenido que muchos de los actuales grandes empresarios, los súper ricos del mundo imponen muchas restricciones y prohibiciones a sus hijos sobre el uso indiscriminado de los equipos electrónicos. Así como escasea el agua, así deberían de escasear diariamente las horas de uso de Internet y sus aplicaciones para los menores de edad. 

Pero eso no es todo. No es simplemente que falte el agua, sino que es poco abundante la que se considera potable, es decir, útil para el ser humano. Ya se ha dicho que el agua de mar se ha potabilizado por algunas invenciones, y es que no es suficiente el acceso al agua, sino que ésta sea potable, es decir, que resulte de calidad. Ello mismo sucede con las adivinanzas para los niños, o bien, con los refranes para los adultos, que nos hacen pensar; hay algo que nos permite forjar con ellos el conocimiento simple de los refranes, nos ayudan con eso que se denomina como “sentido común”. 

Los refranes son un dicho o una frase que expresan una enseñanza, un pensamiento o una moraleja; se caracterizan por ser de origen popular y por transmitirse de generación en generación. Como los refranes provienen del conocimiento popular son anónimos, es decir, no tienen autor. 

Desafortunadamente, si el agua es escasa, en muchos lugares de mala calidad, las adivinanzas y los refranes cada día están escaseando aún más; por eso es que hoy escasean el sentido común, la imaginación. Nos hemos convertido en simples autómatas en nuestra actividad diaria, sin imaginación alguna en nuestras labores. 

Si en algunas carreras universitarias se les ocurriera poner en la mesa de estudio adivinanzas y refranes, quizá se despertaría un mejor ejercicio del pensamiento, mayor imaginación. Muchas de las actuales carreras lo que requieren es abrir la imaginación de los estudiantes; por ejemplo, las carreras que tienen relación con las artes se centran en esa imaginación o inventiva; lo mismo sucede con estudios de arquitectura o de mercadotecnia. Si alguien tuviera el interés de que se divulgaran un poco más los refranes para los adultos y las adivinanzas para los menores de edad, seguramente una reacción positiva se palparía. Sin embargo, las prisas, el estrés constante, la falta de tiempo hacen que escaseen igual que el agua las adivinanzas y los refranes. Pero, así como nos preocupamos de la ausencia del vital líquido, algún día, alguna generación, se preocupará por las adivinanzas y los refranes.

 

 

(Web: parmenasradio.org)