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¡Ay, amor… ya me volviste a dar!

“Los amorosos callan. El amor es el silencio más fino, el más tembloroso, el más insoportable…” 

Así inicia uno de los textos más emotivos del maestro Jaime Sabines. 

Y ustedes se preguntarán… ¿y éste por qué empieza el artículo con un fragmento de poesía? 

Bueno, pues resulta que en este mes del amor y la amistad había que parafrasear a este maravilloso poeta mexicano porque… ¿quién mejor que él para hablar del amor? 

Y es que la poesía y la música siempre están ligadas cuando de amor se trata. 

La música envuelve al amor en una bellísima película fina que enriquece los sentidos y a lo que el alma siente cuando se está enamorado.  

Canciones que nos acompañan en historias en que la pareja siente esa embriaguez del enamoramiento, y de fondo, cual banda sonora de un filme, se puede estar escuchando “Nada Personal”, de Armando Manzanero, o “Unforgettable”, con Nat King Cole, si se está entrado en añitos, o en la versión de Michael Bublé, si aún se está chamaco. 

Hace muchos años, y espero que los jóvenes continúen con la tradición, cuando un muchacho pretendía a una jovencita, invitaba a sus cuates para llevar la famosa e inolvidable… ¡serenata! 

Y digo invitaba a los cuates, porque siempre había alguien que sacaba la guitarra y se preparaba el repertorio rondallero más diverso: “Novia mía”, “Página blanca”. Y si de plano la muchacha en cuestión no se asomaba a la ventana, existía una canción para que se diera cuenta de que esa serenata era para ella… “¡Mil Nombres!” ¡Cosa maravillosa!  

En algunos casos la serenata funcionaba, y en otros casos, si la joven no salía, el pretendiente se retiraba con sus cuates, con el ánimo hecho pomada y el consuelo de los mismos. 

Uhh! Y cuando viene la propuesta de matrimonio, se busca al amigo para que se haga cómplice de este evento maravilloso. Se reúnen para seleccionar las canciones o la canción que más crean que los une como pareja.  

El amigo, entonces, entra en ese juego de complicidad para hacer que sus amigos (la pareja) disfruten de ese momento.  

Sé de un caso donde terminaron eligiendo “Comienzo y final de una verde mañana”, de Pablo Milanés. 

Aunque, como todo en la vida, este romanticismo es relativo; porque habrá parejas a las que les guste mayormente alguna canción más rítmica (como aquella que se llama “Japi”, con los ex Timbiriches), que esas canciones dulzonas y melcochosas que hacen, como en tira cómica, que a la pareja en cuestión se le vean los ojos de corazoncitos.  Si me preguntan, yo me quedo con las dulzonas, lo cursi amorosamente entendido, es fantástico. 

Ah, pero en estas fechas, no sólo de amor de pareja se trata, ¡también están los amigos! 

Esos verdaderos amigos que son a veces más que la familia porque existe la ventaja de la elección. La familia existe per se y no le quito mérito ni felicidad a esto, pero los amigos son el privilegio que tenemos al elegirlos y compartir con ellos gran parte de nuestra vida.  

También para los amigos existen bandas sonoras: “Mis amigos son unos atorrantes…” dice Serrat en su canción “Las malas compañías”, “A mis amigos”, de Alberto Cortéz, o “Cuánto gané…Cuánto perdí”, de Pablo Milanés. 

Esos amigos que han estado y en muchos casos continúan por ahí dándonos consuelo en tiempos de desasosiego. De ahí surgen canciones como “You’ve got a friend”, de Carol King.  

Cuando nos tocan el recuerdo de aquellos amigos, no podemos olvidar el tiempo en que llegábamos al pupitre en el colegio o a la silla en la universidad y encontrábamos quizá un chocolate con el mensajito: “de tu amigo secreto”. Y cuando llegaba el día de entrega de regalos y la revelación del amigo o amiga secretos, te encontrabas con el álbum “Glass houses”, de Billy Joel, que fue mi caso (nótese lo ochentero de mi persona), o el álbum con el cual el amigo o amiga revelaba que sabía que te gustaba.  

Estoy seguro de que si nos tocaba la persona que nos atraía, era muy probable que pensáramos que nacía un romance, un “¡ya la hice!” que a veces se daba o a veces sólo era amistad y listo. 

Para ir concluyendo, queridos amigos (as), parece que, en las historias de amor, de amistad y en esas historias que nacen de lo más profundo del corazón, está la música, rodeando con ese sonido las emociones humanas y provocando, al vivirlas o al pasar los años, que las experiencias amorosas se queden dentro de uno y nos acompañen para siempre. 

Los dejo con dos enlaces para que escuchen dos temas: Uno para el amor y otro para los amigos. 

¡Feliz festejo del amor y la amistad!   

 

 

Sergio Rizzo

rizzoser@yahoo.com.mx

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