EDUCARSE ILUSTRA 

Éricka E. Méndez Ortega 

 

 

Por el grosor del polvo en los libros en una biblioteca,  

se puede medir la cultura de un pueblo. 

 John Steinbeck. 

 

Desde la antigüedad, con las tablillas de arcilla con escritura cuneiforme, pasando por la célebre biblioteca de Alejandría y posteriormente las bibliotecas de la Universidad de Salamanca, la Bodleiana en Oxford, la British Library, la Biblioteca Real, germen de la Biblioteca Nacional de España, entre tantas otras, las bibliotecas han sido siempre faros de conocimiento y sabiduría. En México se asentaron las bibliotecas más ricas y más grandes de la América española en la época colonial desempeñando un papel crucial en la promoción del conocimiento y la cultura.  

Las bibliotecas son mucho más que simples colecciones de libros; son centros de aprendizaje, investigación y socialización. Según la Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecas e Instituciones, IFLA, hay en todo el mundo algo más de 400 mil bibliotecas públicas. En México hay 7,476 bibliotecas públicas dependientes de la Dirección General de Bibliotecas de la Secretaría de Cultura. Esta red llega a un impresionante 93% de los municipios del país. Sin embargo, uno de los principales problemas que enfrentan las bibliotecas es el financiamiento para la adquisición de acervos. Se trata de una situación generalizada en todo el mundo, y particularmente grave en nuestro país, donde desde hace años no se destinan recursos para tal cometido. 

Esta situación también se ha visto reflejada en las bibliotecas de las instituciones educativas a las que no les llega ningún material de lectura desde que se redujo considerablemente el recurso económico al Programa Nacional de Lectura que la SEP había creado, provocando así que los espacios de las bibliotecas se conviertan en todo menos en un espacio de acervo literario destinado a estudiantes y docentes, para quienes la biblioteca debería de ser la base de sus actividades académicas pues, según la IFLA y la UNESCO: “La biblioteca pública es el centro local de información, poniendo a disposición de sus usuarios todo tipo de conocimientos e información. Es un componente esencial de las sociedades del conocimiento, que se adapta continuamente a los nuevos medios de comunicación para cumplir su mandato de brindar acceso universal y permitir un uso significativo de la información para todas las personas. Proporciona un espacio de acceso público para la producción de conocimiento, el intercambio de información y cultura, y la promoción del compromiso cívico.” 

Otro aspecto significativo es el papel de las bibliotecas en la preservación del patrimonio cultural. A través de colecciones de libros, manuscritos y documentos históricos, las bibliotecas ayudan a conservar la memoria colectiva de una sociedad, permitiendo que las futuras generaciones accedan a su historia. Sería muy grato que regresaran las salidas escolares para visitar las bibliotecas de las grandes ciudades, atendiendo a la gran diferencia de un aprendizaje teórico y el aprendizaje in situ, que muy difícil se olvida. 

Finalmente, en la era digital, las bibliotecas han evolucionado para incluir recursos en línea, ofreciendo acceso a bases de datos, e-books y cursos virtuales. Esto amplía aún más su alcance y relevancia, adaptándose a las necesidades de una sociedad en constante cambio. En resumen, las bibliotecas son pilares de conocimiento, cultura y comunidad que, como sociedad, estamos obligados a no permitir que las generaciones que vienen las vean solo como edificios donde se acumula el polvo.