LIBROS 

Miguel Campos Ramos 

 

Este libro es una colección de 10 ingeniosos cuentos. 

Su autor, el alemán Bruno Traven (quien solía firmar como B. Traven), fue siempre misterioso, al grado de que se llegó a creer que era un seudónimo de otro escritor alemán, o incluso inglés. Y en el colmo, se llegó a sospechar que era el seudónimo de la hermana del presidente Adolfo López Mateos, Esperanza López Mateos. 

Lo cierto es que B. Traven, al margen de su misterio y de su vida aventurera, en los viajes que hizo por la república mexicana supo observar con agudeza las costumbres, la realidad y los conflictos postrevolucionarios de la primera mitad del siglo XX, y gracias a ello produjo obras que lo hicieron sumamente popular. Y no sólo fue su libro “Canasta de cuentos mexicanos”, que hoy recomendamos, sino que escribió novelas de largo aliento, entre ellas la célebre “El tesoro de la Sierra Madre”, que el director de cine John Hustos llevó a la pantalla con el actor Humprhey Bogart, nada menos, y que le valió ganar 3 premios Óscar. 

Pero hoy, dado el tema central de este número de Sibarita La Revista, quiero recomendarles el aludido “Canasta…”, que contiene los siguientes relatos: Canastitas en serie, Solución inesperada, La Tigresa, Amistad, El suplicio de San Antonio, Aritmética indígena, Dos burros, Una medicina efectiva, Jugando con bombas (o Juzgando con bombas) y Corresponsal extranjero. 

Probablemente el título general se deba al primer cuento, ya que sin duda es el más popular. Todo mundo lo conoce, quizás no por haberlo leído, sino porque se adaptó (como muchos otros relatos de Traven) al cine. 

Trata de un artesano que hace unas bellísimas canastitas que llaman la atención de unos turistas norteamericanos, quienes se dedican al comercio de chocolates y advierten un pingüe negocio, pues en esas canastitas se podrían envasar los productos, y son tan bellas que llamarán la atención de los clientes. Así, ganarían muchos miles de dólares porque el artesano las vende a precio baratísimo, como casi todas las artesanías (lamentablemente). 

Pero surge un problema para el ambicioso turista norteamericano tras firmar con la empresa chocolatera por la compra de miles de canastitas: al volver con el artesano y encargarle una gran cantidad de canastitas, éste le confiesa que no puede producir tantas, y menos en el tiempo que le exige. ¿La razón? Que los pigmentos los saca de unas cochinillas, y éstas no existen en ciertas épocas del año. 

El turista, hecho una furia, tiene que resignarse a la derrota. Por supuesto, no entiende la lógica del artesano, quien trabaja de acuerdo con la naturaleza y con su propio tiempo, pues aparte se dedica a otras cosas. 

El cuento deja una amarga sensación: por un lado, expone la magia y la grandeza de las artesanías, y por otro la limitación en la forma en que se producen y que por tanto no ayudan a los artesanos a ganar dinero igual que si tuvieran una empresa manufacturera a gran escala. 

Anímense a leer no sólo este relato, sino todo el libro. Reconocerán otras historias que también se llevaron al cine en México, precisamente en una película llamada “Canasta de cuentos mexicanos”.  

 

 

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