Educación y cultura, binomio difícil

En la institución donde laboro tuvo lugar una actividad que resultó interesante por dos razones: una, porque no se había generado una estrategia tan buena para combatir el rezago educativo: y otra, porque confirmé con gran tristeza y preocupación que la mayoría de los alumnos de educación básica de secundaria no saben ni tienen los mínimos conocimientos académicos (de cultura general, mejor ni hablamos).  

La actividad que se realizó fue un concurso para elegir a la chica y chico estudiantil 2023. Lo bueno fue que la elección no tuvo nada que ver con la “simpatía” o “fotogenia” de los participantes. Lo malo fue que la competencia se trató, precisamente, de demostrar quién tenía más conocimientos y más cultura general. De los 150 alumnos potenciales para competir, sólo se inscribieron al concurso por voluntad propia 30, y hubo 6 ganadores, los cuales obtuvieron el triunfo por tres razones: 1, porque esbozaban algunos conocimientos; 2, porque los jueces no tuvieron más remedio que ayudarlos; y 3, porque les atinaron a las respuestas.  

Lo anterior deja al descubierto que la tarea que tiene la educación para formar gente culta es ardua y difícil, tomando en cuenta que, en la actualidad, el sector de la población que debería competir verdaderamente por lo que sabe y lo que es, dedica el tiempo a perderse en las redes sociales en las que, obviamente, no se cultiva pues los contenidos que observa le dan todo, menos cultura general y educación. De manera inmediata la forma refinada de la inteligencia, la sensibilidad estética y espiritual, la lucidez ética, elementos propios de una persona culta, convierten el mundo de los succionados por las redes, en un mundo tosco, soez, delictivo y de ignorancia total. 

Atendiendo a lo planteado cabe reflexionar ante la siguiente interrogante: ¿para qué le sirve a un individuo ser culto? Tal vez la respuesta sea obvia, pero en los tiempos actuales no. Basta con escuchar hablar a cualquier docente de educación básica, que aparte de no tener nada que decir, lo poco que expresa está terriblemente mal articulado, consecuencia de la falta de lectura, de no acercarse al arte, de ignorar la historia, la filosofía, de considerar viajar como gasto y no como inversión, de no querer pertenecer a grupos que generen conocimientos y un largo etcétera que crea un mundo simple y de credulidad adoctrinada y fanatismo ante la realidad que vive. Una persona culta debe tener los conocimientos y competencias necesarios para comprender lo que sucede, para encontrar soluciones a ciertas problemáticas, y para ejercitar un pensamiento crítico que le va a venir bien en cualquier situación y contexto. 

Tomemos en cuenta el pensamiento de Santo Tomás de Aquino y su interés por cultivar al ser a través de la educación, porque educar, en su concepto, es una obra de misericordia e inclusive de justicia social, es sinónimo de espiritualidad, deporte, ética, política, ecología, familia, economía, religión.  Es una filosofía del ser y no del simple parecer. Por lo tanto, podemos decir que cultivar el ser es alcanzar un estado de virtud. Cultivar el ser es cultura. 

 

 

 

Éricka E. Méndez Ortega 

eryelmeor@gmail,com 

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