SABER PROFUNDO 

Jorge A. Rodríguez y Morgado 

 

 

“Si hay magia en este planeta, está contenida en el agua”.  

Loran Eisely 

 

El 22 de marzo de cada año se celebra “El día mundial del agua”, cuyo objetivo es crear conciencia en la sociedad de la importancia de cuidar el llamado “oro líquido” para preservar la vida de los seres humanos y las especies en la Tierra.  

El agua es la base fundamental para el origen y desarrollo de la vida en el planeta, siendo el océano el lugar donde surgieron los primeros organismos unicelulares hace unos 3500 millones de años. La importancia de este elemento, que está viviendo una de las épocas más complicadas de la historia debido al cambio climático, va más allá de lo que ya sabemos (escasez, contaminación, gestión), consiste en la responsabilidad de cuidarlo para vivir. 

El agua es el componente fundamental tanto de la Tierra como de los seres vivos. Aproximadamente el 70% de la superficie terrestre está cubierta de agua, de ésta el 97% es agua salada concentrada en los océanos, y cerca del 3% es agua dulce. El cuerpo humano adulto está compuesto por aproximadamente un 60-70% de agua (dependiendo de la edad y sexo), distribuida en el cerebro: 70-75%; sangre: 80-83% y pulmones: 90%.  

El origen de la palabra Agua es tan antiguo como la primera sed del ser humano: Proviene del latín aqua, y ésta del protoindoeuropeo akwa, evocando a lo que fluye, lo que da vida. El Diccionario de la Real Academia Española define el agua como “Líquido transparente, incoloro, inodoro e insípido en estado puro, cuyas moléculas están formadas por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno (H₂O), y que constituye el componente más abundante de la superficie terrestre y el mayoritario de todos los organismos vivos”. 

El hombre prehistórico temía y reverenciaba al agua, ya que representaba un símbolo de purificación y vida. Para casi todas las culturas, el agua era sagrada. Se usaba en rituales, para bendecir, limpiar y enterrar. El agua en la Biblia simboliza vida, creación y la gracia divina. Representa tanto el poder destructivo (Diluvio) como la vida espiritual (el Espíritu Santo y Jesús como “agua viva”), purificando el corazón humano y ofreciendo salvación eterna.   

En el arte antiguo, el agua no sólo se representaba como un elemento de la naturaleza, sino que también estaba profundamente entrelazada con la religión y la mitología. Las obras de arte griegas y romanas contenían numerosas representaciones de dioses del mar, como Poseidón y Neptuno, y de ninfas de los ríos, consideradas protectoras espirituales de las fuentes de agua. 

El agua no sólo es trascendente para la vida, también lo es para el arte. El agua en el arte simboliza vida, pureza, transformación y el flujo constante de la existencia. Es un elemento de purificación, renovación, caos y misterio, presente en innumerables relatos, inspirando a varios artistas.  

A lo largo de la historia este vital líquido ha sido una fuente inagotable de inspiración en las bellas artes. Varios artistas supieron captar su belleza, fuerza y simbolismo reflejando en sus obras el poder, vitalidad y fragilidad de este vital líquido.   

Destacan en la Pintura: “Nenúfares” y “El deshielo en Vétheuil”, de Claude Monet; “La gran ola de Kanagawa”, de Katsushika Hokusai; “The Splash” y “Piscinas y superficies acuáticas”, de David Hockney. Además, “La noche estrellada sobre el Ródano”, de Van Gogh; y “Paisajes marítimos”, de Turner y Winslow Homer. En las obras se aprecia que el agua refleja nuestro mundo interior y exterior. 

En la fotografía, el agua ha sido la protagonista para Ansel Adams; él les dedicó su lente a lagos, ríos y cascadas, resaltando la pureza y el poder estético del agua en su estado natural. 

En el Muralismo y Escultura, Diego Rivera creó “El agua: origen de la vida”, expuesta en el Cárcamo de Chapultepec, un mural subacuático. Gian Lorenzo Bernini diseñó la “Fuente de los cuatro ríos”, en Roma. 

En la Literatura, la novela ficticia, futurista, de un mundo indeseable, caótico y opresivo, “La sequía”, de J. G. Ballard, explora un mundo sin agua potable. Obras como “Agua”, del grupo Jarabe de Palo, y “Watermark”, de la compositora Enya, destacan en la música.  

La influencia del agua en el Arte Contemporáneo e Instalaciones se aprecia en las esculturas efímeras de agua, “Matrice liquide 3D”, usando tecnología robótica de Shiro Takatani y Christian Partos. Otro ejemplo, ”Cascadas”, realizado en la ciudad de Nueva York, por Olafur Eliasson, quien instaló enormes “cascadas” en cuatro puntos de Manhattan. 

A través de estas obras famosas, apreciamos la habilidad de los artistas que encontraron una fuente inagotable de inspiración para conectar el agua con lo emocional, lo espiritual y lo simbólico, y supieron traducir la esencia del agua en expresiones artísticas que han perdurado en el tiempo.