Una mirada desde la experiencia mercadológica 

Arturo Méndez 

Desde hace cuarenta años he navegado por las turbulentas (y a veces calmas) aguas del marketing. Si algo he aprendido es que los grandes productos, ideas y campañas siempre tienen un punto en común: apelan a lo esencial, a lo que nos mueve como seres humanos. Y, si hablamos de lo esencial, el agua es la reina indiscutible. No sólo sostiene la vida, sino que despierta emociones, inspira creatividad y conecta culturas. 

Imagina por un momento la sensación de una gota resbalando por la piel en pleno verano, o el sonido del mar rompiendo suavemente en la playa. El agua no sólo hidrata; también narra historias, alimenta el alma y pinta paisajes eternos en la memoria colectiva. No es casualidad que artistas de todos los tiempos hayan encontrado en el agua una fuente inagotable de inspiración. Desde Diego Rivera hasta Frida Kahlo, pasando por muralistas contemporáneos o fotógrafos urbanos de la CDMX, el agua aparece como símbolo de movimiento, reflejo y transformación. 

Como mercadólogo, sé que conectar con el público es esencial. El agua, con su capacidad de adaptarse a cualquier espacio —sea un vaso, un río o una laguna— nos enseña la importancia de la flexibilidad y la reinvención constante. Así como el agua rompe las barreras más duras gota a gota, una buena campaña logra penetrar poco a poco en la mente y el corazón de las personas. 

Pero el agua también nos da lecciones sobre responsabilidad y sostenibilidad. En un país donde a veces escasea y otras veces inunda, saber comunicar su valor, promover su cuidado y celebrar su belleza es casi una obligación profesional y personal. Las marcas que han entendido esto logran mensajes poderosos y memorables, porque no sólo venden productos: generan conciencia. 

¿Y qué hay del arte? Sin agua, no habría acuarela; sin lluvia, no existiría ese olor a tierra mojada que tanto nos gusta en México. Cada corriente inspira una melodía distinta y cada charco refleja una perspectiva única. La próxima vez que veas una campaña que hable de agua, detente un instante. 

 Observa cómo juega con los colores, las formas y las emociones. Ahí, en ese instante, entenderás por qué el agua es mucho más que un recurso: es la gran protagonista de nuestras historias, sueños y creaciones. 

Así que, querido lector, te invito a mirar el agua con nuevos ojos y dejar que su fluir te inspire no sólo a cuidar de ella, sino a permitir que despierte tu creatividad. Recuerda: en el marketing, como en el arte, lo esencial es invisible a los ojos… hasta que una gota nos lo revela.