EL AROMA DEL ESPÍRITU
Rocío Benavente Larios
Columna espiritual
El agua como maestra silenciosa
Hay elementos que no necesitan hablar para enseñarnos. El agua es uno de ellos.
Cada vez que la observo —en un río, en el mar o simplemente en el sonido de la lluvia— recuerdo que la vida no nos pide rigidez, sino presencia.
Vivimos en un tiempo donde la mente busca controlar, anticipar y sostener certezas. Sin embargo, el agua nos muestra otro camino: avanzar sin resistencia, confiar en el flujo natural de la existencia y permitir que algo más profundo nos guíe.
Desde la mirada espiritual de Un Curso de Milagros, esta enseñanza tiene un eco muy claro: la paz aparece cuando dejamos de luchar con lo que es.
El agua y la mente en paz
Cuando el agua está en calma, refleja el cielo.
Cuando se agita, la imagen se distorsiona.
Nuestra mente funciona igual. No es el mundo lo que genera confusión, sino la interpretación que hacemos de él. El ego quiere fijar todo; el Espíritu, en cambio, fluye.
El agua no se detiene frente a una piedra: la rodea.
No discute con el camino: lo atraviesa.
Y quizá allí está la primera inspiración espiritual: aprender a movernos sin perder nuestra esencia.
“Fluir no es rendirse; es confiar en una inteligencia más grande que el control personal”
Limpieza espiritual: soltar la carga
En muchas tradiciones, el agua simboliza purificación. Pero la limpieza más profunda no ocurre fuera, sino dentro.
En el lenguaje de UCDM, el perdón es la verdadera purificación. No es olvidar ni justificar; es permitir que la percepción se lave de juicios antiguos.
Cuando soltamos una historia que pesa, algo se vuelve más ligero.
La mente deja de resistir y la paz aparece sin esfuerzo.
El agua limpia sin preguntar qué merece ser limpiado. Así también actúa el Espíritu cuando le damos espacio.
Inspiración: cuando dejamos de forzar
Las mejores ideas suelen llegar cuando dejamos de perseguirlas. Frente al agua, la mente se suaviza y la intuición se abre.
El Curso enseña que el milagro no crea algo nuevo; sólo retira lo que impide ver el amor. El agua hace lo mismo: no añade, sólo revela.
La inspiración espiritual surge cuando dejamos de exigir respuestas inmediatas y permitimos que el silencio hable.
Práctica para el día a día
Te propongo algo simple:
- Detente unos minutos frente al agua —real o imaginada.
- Respira y observa tus pensamientos pasar como hojas en una corriente.
- No los retengas.
Repite internamente:
“No necesito controlar el flujo.
El Espíritu me conduce hacia la paz.”
Conclusión
El agua cambia de forma y, aun así, sigue siendo agua.
Quizá ésa sea una de las enseñanzas más profundas para nuestra vida espiritual: podemos atravesar cambios, experiencias y emociones sin perder quienes realmente somos.
Cuando dejamos de resistir, descubrimos algo esencial: no estamos separados del flujo de la vida. Somos parte de él.
Y entonces la inspiración aparece, la mente se limpia y el corazón recuerda su naturaleza original.
