Sociología de la supervivencia
Silvino Vergara Nava
“La violencia es siempre el fracaso
del derecho, porque allí donde
el derecho actúa, la violencia
se contiene o se neutraliza;
y allí donde prevalece la violencia,
significa que el derecho ha
sido suspendido,
violado o no ha existido.”
Luigi Ferrajoli
Vivimos en tiempos de violencia inimaginable en el mundo occidental; así como contamos con avances en la tecnología que no se hubieran imaginado nuestros ancestros, así como tenemos una serie de comodidades que tampoco tendrían en mente ellos que pudieran algún día existir, de la misma forma contamos con violencia inexplicable.
Antaño la violencia era muchas de las veces por la reacción de una serie de actos, a veces injustos. Así, vemos en los textos de la historia invasiones, confiscaciones, que provocaban una reacción violenta. No perdamos de vista los tiempos de las cruzadas, pues debido a esa violencia de los reyes sobre sus súbditos se constituyó la primera Constitución en el mundo, la Carta Magna de Juan sin Tierra, de 1215. Sin embargo, siempre había razones para provocar esa violencia. Hoy la violencia es desalmada, tecnificada y generalmente injustificada.
Se introduce en las escuelas y universidades cualquier sujeto desalmado a matar a diestra y siniestra, pasan los vehículos por encima de un desfile escolar, se ponen bombas en un concierto, en la meta de una maratón o en cualquier evento masivo, se apropian ejércitos de regiones de un país o de ciudades enteras con la simple violencia, y ahora con la violencia tecnificada, desde una computadora controlando un dron a kilómetros de distancia, y matan a personas que ni se sabe quiénes son; esto no es otra cosa que el olvido del derecho en la sociedad del consumismo actual.
Pero qué decir de los grupos criminales. Sucede lo mismo: matan por matar, lesionan por lesionar, dañan por dañar. El problema actual es que hay una violencia que, si bien nunca debería ser justificada, ahora menos hay justificaciones para llegar a esos extremos, pero el problema es que hemos olvidado el derecho, que es la medicina exacta contra la violencia
Y es que el derecho no son las simples leyes, pues ya hemos visto qué tipo de leyes hemos creado en la historia de la humanidad, leyes extremadamente injustas, que simbólicamente siempre recuerdan las denominadas leyes de Nuremberg de septiembre de 1935, pero ésas no fueron las únicas, ni las últimas; el derecho es mucho más que las simples leyes.
Tampoco el derecho se reduce a las decisiones de los jueces y tribunales, que muchas de las ocasiones, si bien resuelven los conflictos, lo cierto es que otras ocasiones, más que resolverlos, los hacen más grandes. Basta con recordar el caso reciente en Francia: Charlie Hebdo, en que publicaron en esa revista dibujos ofensivos para la religión musulmana; no obstante, la reclamación jurídica correspondiente, el tribunal francés resolvió que estaban permitidos, pues se trataba simplemente de libertad de prensa, cuando eran una ofensa palpable para esa religión aquellos dibujos, y terminó esa historia con un ataque terrorista donde fallecieron 16 personas en las oficinas de esa casa editorial. Esto provocó que se legislara sobre un control más estricto y de vigilancia. Pero una vez implementada esa ley, se presentó otro ataque terrorista, y éste de mayor intensidad. Por tanto, el derecho no es nada más sentencias y jurisprudencia de los jueces y tribunales.
Y es que, si el derecho no es nada más esas leyes dictadas por los legisladores, y peor que muchas de las ocasiones no se sabe cuál será la reacción de la sociedad ante éstas, tampoco se reduce a las sentencias y jurisprudencia. El derecho, es más. Resulta que el derecho nace de la doctrina, el derecho nace de los libros, de los tratados de los académicos e investigadores; desde luego, de los que investigan seriamente, sin ningún desvío político. Por eso es que se sigue estudiando en muchas universidades y escuelas de derecho serías, el derecho romano, porque lo que se estudia es su doctrina, y lo que se aprende es que el derecho es seguridad jurídica y justicia, que son los dos únicos antídotos contra la violencia, no hay otra medicina para eso. Ni las ciencias exactas como la medicina, la química, la física han descubierto algo contra la violencia para, con ello, preservar la paz; al contrario, muchas de las ocasiones han inventado y descubierto fórmulas y herramientas para una mayor violencia en la humanidad. Tampoco la política, pues al ser simples buenas intenciones, no ha encontrado el camino a la paz. Por eso insisto: es el derecho la medicina exacta para la paz en la sociedad.
El problema es que a veces se confunde la seguridad jurídica con el orden a secas, como ha sucedido en muchos pasajes de la historia. Tal es el caso de los tiempos de Franco: había orden, pero no necesariamente ese orden brindaba seguridad jurídica en España. Y es que la seguridad jurídica es el supositorio de los derechos de libertad, no puede haber el ejercicio pleno de los derechos de libertad, si es que no contamos con seguridad jurídica, pero en muchas de las ocasiones lo confundimos con el simple orden.
Sin embargo, la seguridad jurídica no es suficiente. Ésta requiere del equilibrio de la justicia. Sin justicia, y con solamente la seguridad jurídica, generamos corrupción, violencia, impunidad; por ello es que se necesita de ambas para lograr la paz.
Y eso de que el derecho es la única medicina para la paz, ¿en dónde lo encontramos escrito?, ¿dónde está la receta para llegar a esa paz social por medio del derecho?, ¿quién suscribe esa receta? La respuesta a esas preguntas, la primera parte de esa receta se encuentra en un libro ancestral, el Digesto de Justiniano, del año 533 d. C., o también denominado como las “pandectas”. Es un libro cuyo estudio prevaleció durante más de mil años, y que sigue allí. Es más, se ha traducido hasta al idioma chino. Los investigadores serios de derecho sí lo conocen, pero la gran mayoría de los que antaño se llamaban juristas, abogados, y ahora peyorativamente denominados “operadores jurídicos”, no lo conocen, y ése es el problema. Entonces, ¿por qué se ha traducido a todos los idiomas ese libro?, ¿por qué hubo escuelas del pensamiento jurídico que por siglos estudiaron ese libro? Lo peor de todo es: ¿por qué hoy está olvidado? Conocemos la receta para una paz social, desde el año 533 d. C., pero no la queremos sacar de los museos, de lo que queda de alguna biblioteca pública, de las vitrinas de exhibición; allí está la respuesta a muchos de nuestros problemas de violencia extrema y de falta de esa paz anhelada, pero no queremos, ni acaso, leer la receta.
(Web: parmenasradio.org)
