FOTOGRAFÍA
Jaqueline Roldán
El aeropuerto de Guadalajara, Jalisco, recibe a sus visitantes con agaves como parte de su decoración, una bienvenida que remite de inmediato a uno de los grandes símbolos culturales y productivos de México: el tequila.
Como diría una muy buena amiga, Lourdes, oriunda de Arandas, Jalisco, para disfrutar de un buen tequila debe de ser de agave azul. Y es que, para los conocedores, el verdadero carácter del tequila comienza en la planta de la que proviene.
Tanto Arandas como Tequila se encuentran en regiones donde el paisaje se transforma en un inmenso mosaico de tonos azules y verdes, gracias a los campos de agave. Recorrer estas tierras permite descubrir no solo la belleza del paisaje jalisciense, sino también las rutas del tequila, sus antiguas destilerías y los procesos que convierten el agave en una de las bebidas más representativas de México.
Y, por supuesto, llega el momento de probarlo. El tequila, para quienes saben apreciarlo, se toma solo, lentamente, para reconocer sus aromas, sabores y matices. Primero el destilado; después, si se desea, pueden llegar el limón y la sal. Pero, como dicen los conocedores, cuando el tequila es bueno, no necesita acompañamiento: se disfruta por sí mismo.
Fotografía tomada en agosto de 2026 en el aeropuerto de Guadalajara, Jalisco.
