LIBROS
Miguel Campos Ramos
Gabriel García Márquez dijo alguna vez que el cuento le representaba, al menos en la redacción del primer párrafo, casi tanto esfuerzo mental como el de una novela. No en balde admiró mucho al argentino Jorge Luis Borges, porque éste fue un cuentista genial.
En efecto, el cuento es de los géneros más exigentes. Julio Cortázar, otro argentino, lo equiparaba con una pelea que terminaba en knock aut, mientras que la novela era una pelea que se prolongaba varios rounds, a veces hasta llegar a la decisión de los jueces en favor de uno u otro púgil.
Borges no sólo fue un pugilista literario que escribió cuentos perfectos, sino además los estructuró de tal modo que hizo creer que siendo ficciones eran realidades, como por ejemplo inventando libros inexistentes que hizo parecer como auténticos.
Su elogiado libro “Ficciones” fue una colección de cuentos que no sólo fue leída e imitada, sino que además fue traducida a decenas de idiomas y le valió en 1961 el Premio Internacional otorgado por editores de Francia, Estados Unidos, Inglaterra, Italia, Alemania y España, nada menos.
¿Por qué traigo a colación este libro en el número correspondientes a abril de “Sibarita, el Placer de la cultura”? Por uno entre varios motivos: el tema central de la revista es “Bibliotecas”, y en esta pequeña pero gran colección de cuentos hay uno que se llama “La biblioteca de Babel”.
Este cuento, además de otros (Tlön, Uqbar, Orbis Tertius; Pierre Menard, autor del Quijote; Las ruinas circulares; La lotería de Babilonia; Examen de la obra de Herbert Quain; y El jardín de senderos que se bifurcan), es un relato pleno de fantasía y lucidez, pero además premonitorio, pues Borges, en su fascinación por considerar que una biblioteca podía equipararse con el Universo, sin proponérselo vislumbró lo que en la actualidad es la suma de todas las bibliotecas gracias a ese invento diabólico llamado Internet.
Y si algo fascinaba a Borges, además de los espejos (de los cuales habla en dicho cuento), eran las bibliotecas. Casualmente, fue durante muchos años director de la Biblioteca Nacional de Argentina.
Es un deleite leer a Jorge Luis Borges. Y en particular este cuento, que nos ayuda a revalorar la magia que encierra una biblioteca.
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