LIBROS 

Miguel Campos Ramos 

 

 

Decir Tolstoi es remitirnos a la esencia de Rusia. Es recordar a León Tolstoi, el conde que es considerado como el escritor ruso más importante del siglo XIX, y probablemente de todos los tiempos, apenas algo ensombrecido por Dostoyevsky, el otro grande. 

Tolstoi, cuyo nombre completo fue Lev Nikoláievich Tolstói, nació en 1828 y murió en 1910, curiosamente el 20 de noviembre, justo en el inicio de nuestra Revolución. 

Gabriel García Márquez dijo alguna vez que la novela “Guerra y paz” de este gran autor es quizá la más importante y la mejor del siglo XIX. 

Y sin duda tenía razón Gabo. Se trata de un monumento literario perfecto, por lo cual el adjetivo “monumental” le queda a la perfección. 

Es una novela extensísima. Pero no podía ser de otra manera, dada la magnitud de los hechos que narra, así como de la compleja estructura de familias con sus respectivas interacciones, así como las descripciones de las escenas bélicas entre los ejércitos de Napoleón y de Rusia, derivadas de la invasión de aquél. Son escenas narradas tan perfectamente, que parecen milimétricas, diseñadas con croquis de arquitecto previos al momento en que Tolstoi tomaba el papel y la pluma para plasmarlos. 

Pero pese a su nombre, y sobre todo al empleo de la palabra “guerra”, que podría hacer pensar en una exégesis de ésta por parte de Tolstoi, es todo lo contrario: es tal el horror que es capaz de narrar y describir cuando hay enfrentamientos, y aun en los preparativos, cuando hay temores ante lo que está por acontecer en el campo de batalla, que no queda sino el convencimiento de que la guerra es una estupidez, por más que quienes la hacen, tanto Napoléon Bonaparte como el general ruso que lo enfrenta, el príncipe Mijail Kutúzov, hagan gala de estrategas. 

Algunas descripciones son tan crudas que me recuerda las de otra gran novela, sólo que alemana, “Sin novedad en el frente”, de Erich María Remarque, ambientada en la Primera Guerra Mundial: en ambas guerras se utilizan caballos, y duele verlos despanzurrados y chillando de dolor cuando la metralla los alcanza. Por esas simples descripciones se deduce que la guerra no es buena, y Tolstoi así lo deja sentir.  

Es su obra magna, junto con “Ana Karenina”, y le llevó escribirla y publicarla unos 4 años, de 1865 a 1869; en esa época se acostumbraba a publicar por fascículos. Y trata de la temeraria invasión de Napoleón a Rusia, entre los años 1805 y 1812. Es por tanto una novela histórica, con personajes reales, pero, claro, como toda recreación novelística, con algunas libertades para la creación de personajes ficticios. 

 

 

camposramos@outlook.es