El pasado 1 de septiembre, a la edad de 100 años y un mes (pues nació el 2 de agosto de 1926), falleció la escultora mexicana Geles Cabrera. 

Su trascendencia, además de su obra escultórica, es que como artista supo impulsar a otros colegas, ya que fue fundadora del Salón de la Plástica Mexicana. 

Está reconocida como una pionera de la escultura mexicana, y como la primera mujer en dedicarse profesionalmente a esculpir. 

Su formación se dio en la afamada Academia de San Carlos, primero, y luego en la Escuela de Pintura y Escultura “La Esmeralda”; complementariamente, en Cuba, en la Academia de San Alejandro. 

Gracias a esta formación y a su trabajo, se hizo acreedora, en 1949, del Primer Premio en el XXXI Salón de Bellas Artes de La Habana; y en 1985 obtuvo el Primer Premio de Escultura en Gabrovo, Bulgaria,     

Existe un museo que lleva su nombre, y que ella misma creó en 1966, en la Ciudad de México.

Desde sus primeras obras, Cabrera se distinguió por alejarse de las tendencias nacionalistas que dominaban el arte mexicano. Su escultura exploró principalmente el cuerpo humano mediante figuras femeninas y masculinas, rostros simplificados y formas orgánicas. 

Su lenguaje escultórico se apartó del realismo y de los modelos clásicos sin abandonar por completo la figura humana. Durante la década de 1950, su trabajo coincidió con los cambios impulsados por artistas que buscaban nuevas formas de expresión más cercanas a la abstracción y al individualismo. 

También participó en experiencias de vanguardia. Junto con Alfonso Pallares y Luis Barragán colaboró en la Morfocromofonia, propuesta que vinculó arquitectura, color, música, luz y danza. 

El Museo Geles Cabrera, fundado en 1966 en Coyoacán, permaneció activo durante cuatro décadas. El espacio ofreció entrada gratuita y permitió a la artista acercar su obra al público, además de funcionar como un recorrido por distintas etapas de su trayectoria.