Tenía sólo 14 años.
Era 1945 y, obligada por la pobreza externa en la que la Segunda Guerra Mundial había sumergido a su familia, había tenido que emigrar a México junto con su familia, y en medio de penurias la esperanza brillaba en forma de un concurso de belleza donde el premio era un papel secundario en la cinta El sexo fuerte (1946).
Tenía sólo 14 años.
Y lo ganó.
Y con ella, también ganó el cine mexicano.
De belleza fulgurante a la par de su talento, el rostro de Elsa Aguirre (1930–2026) fue uno de los más hermosos que dio la llamada Época de Oro del cine mexicano, uno que podía ponerse al tu por tú no sólo con figuras como Cantinflas, Pedro Infante (a quién abofeteó durante el rodaje de Cuidado con el amor al besarla sin su consentimiento), Jorge Negrete (quién fuera su pareja) y Pedro Armendáriz, sino también ante las adversidades que la vida le puso enfrente (su único hijo falleció en un accidente en el 2001), siendo algo más que una simple figura: hablar de Aguirre es hablar de una sobreviviente, alguien que ante la adversidad siguió adelante, sabia y lúcida, sabiendo en vida lo que era ser una leyenda.
De carácter fuerte y armas tomar, además de aliada en causas de la diversidad sexual, su talento engalanó clásicos cómo Lluvia Roja (1950), Ama a tu prójimo (1958) y Casa de Mujeres (1966), donde uno se enamoraba de ese rostro, tan lleno de historia e historias, que a lo largo de las décadas había seguido adelante como memoria viva de una época dorada.
Donde Elsa brilló.
Y, ahora desde la eternidad, seguirá brillando.
