Vivió 90 años. Una vida larga, para una mujer buena. Margaret Hamilton trascendió al plano de donde todas las cosas son eternas, el 30 de septiembre de este año, en Cambridge, Massachusetts. Su trabajo fue el pilar, si no es que la pieza más importante para que los astronautas pudieran llegar a la luna y regresar con seguridad y a salvo, al desarrollar un software de navegación. 

Llega volando el 17 de agosto de 1936, en Paoli, Indiana. Hamilton estudió matemáticas en Earlham College. Trabajó en sistemas informáticos y dirigió la división de ingeniería de software del Laboratorio de Instrumentación, responsable de desarrollar programas para las computadoras de vuelo del programa espacial estadounidense. 

Durante el Apolo 11, en julio de 1969, la computadora emitió los códigos de error 1201 y 1202 mientras el módulo lunar se preparaba para descender. El sistema diseñado por su equipo permitió priorizar las tareas esenciales y continuar con el alunizaje. 

Hamilton defendió la prevención de errores y la capacidad de recuperación ante fallos. También contribuyó a establecer el concepto de ingeniería de software como una disciplina propia, cuando el desarrollo de programas todavía no recibía el mismo reconocimiento que otras áreas de la ingeniería. 

En 2016, el presidente Barack Obama le entregó la Medalla Presidencial de la Libertad, el mayor honor civil de Estados Unidos, por sus aportaciones al programa Apolo.