FOTOGRAFÍA
Jacqueline Roldán
La paz entre un perro y un gato nace cuando ambos aprenden a compartir el mismo espacio sin miedo ni desconfianza. No significa que sean los mejores amigos desde el principio, sino que poco a poco descubren que pueden convivir, respetarse y aceptar sus diferencias. En esa tranquila armonía, el perro deja de perseguir y el gato deja de huir; juntos encuentran un equilibrio sencillo, donde cada uno ocupa su lugar y ambos disfrutan de la calma del hogar.
La paz entre ellos se construye con paciencia: un saludo prudente, un olfateo curioso, una mirada que ya no amenaza. Con el tiempo, cada uno comprende que el otro no es un enemigo, sino un compañero distinto, con ritmos y costumbres propios. Así, el perro aprende a contener su entusiasmo, y el gato reconoce que puede confiar. Y cuando por fin comparten un rayo de sol, un rincón tibio o un instante silencioso, esa pequeña convivencia se vuelve un símbolo hermoso de que la paz es posible incluso entre quienes parecen opuestos por naturaleza.
Aquí amablemente Pitzur y Totopo posando para la fotografía de paz para Sibarita La Revista.
