SOCIOLOGÍA DE LA SUPERVIVENCIA 

Silvino Vergara Nava

 

 

“Nadie es justo de grado, 

sino por fuerza y hallándose persuadido  

de que la justicia no es buena para 

 él personalmente; puesto que, en  

cuanto uno cree que va a poder  

cometer una injusticia, la comete.  

Y esto porque todo hombre cree  

que resulta mucho más ventajosa  

personalmente la injusticia que la justicia”. 

 

Platón (427–347 a. C) 

 

La leyenda es una narración de sucesos, sean reales o fantasiosos y que sobre todo se van pasando de generación a generación; esas leyendas se transmiten de voz en voz, ocasionalmente se escriben y excepcionalmente se mantienen con el paso del tiempo, pues dependen esos textos de las guerras, invasiones, inundaciones, desastres naturales, y desde luego, del simple paso del tiempo. Así, los textos griegos con que aún contamos en la actualidad se deben a que en los tiempos medievales se resguardaron en los conventos, monasterios, abadías, iglesias, bibliotecas, donde la generalidad de la población no tenía acceso, en parte por no eran de su interés esos libros y textos, pues la extensa mayoría de la población no sabía leer, menos aún escribir, y los que sabían leer, requerían de permisos especiales para leer alguna obra. 

Esas leyendas, normalmente nos difunden conocimiento, experiencias, o bien, nos ponen a razonar muchos de nuestros comportamientos. 

Una de esas leyendas es la escrita por Platón: “El anillo de Giges”, que nos muestra hasta qué grado podemos ser tan virtuosos para resistir la tentación de hacer el mal, como es matar, robar, defraudar, violar, o cometer una injusticia contra otro; ¿si pudiera hacerse el mal, sin ser descubierto se haría? 

La leyenda narra la historia de un pastor que descubre en su caminar a un muerto que en su mano cuenta con un anillo, él se lo quita, y luego descubre que el anillo es mágico, pues frotándolo se hace invisible la persona que lo porta, por tanto, puede hacer y deshacer sin ser descubierto. Resulta que con ese poder acabar cometiendo varias fechorías al grado de que mata al rey, seduce a la reina, se casa con ella, y se queda con el reinado, todo con la maldad de hacer las cosas sin que pueda ser descubierto. 

Atendiendo a esa leyenda, se hace el cuestionamiento de que, si las personas son buenas y se comportan correctamente, no es por convicción, sino por la amenaza de ser descubiertas, ya que en tanto no sean descubiertas, la tendencia natural es la maldad en el ser humano. 

Así, con esta leyenda, mucho de lo que hoy observamos en el derecho que nos regula, está funcionando de esa manera, particularmente las sanciones penales, porque resulta que en el mundo occidental se establece y legislan sanciones sumamente elevadas, por ejemplo castigos de más de cien años de cárcel, o multas en el ámbito de la administración pública sumamente elevadas, como es el caso de la ley denominada anti-lavado, donde las sanciones, por no presentar un aviso mensual ante la autoridad, es de aproximadamente un millón de pesos. A este tipo de regulaciones tan exageradas en el ámbito penal, se le denomina como “derecho penal simbólico”, porque las sanciones son muy elevadas y regularmente no se aplican. 

Entonces, lo que se requiere es que esas sanciones sean conocidas por la población para que, con la amenaza de ser descubiertas esas faltas o esos delitos, entonces no se cometan, por eso es que se requiere que las leyes se publiciten, además de brindar seguridad jurídica, para que sean de todos conocidas, sobre todo para que la gente tenga conocimiento de que existe una sanción por cometer alguna falta o delito. 

Hay que recordar que en el mundo pre-moderno, era los domingos cuando se hacía del conocimiento de las personas en la plaza pública de las disposiciones legales vigentes; en las colonias españolas, en lo que ahora les llamamos el zócalo, es en donde una persona a toda su capacidad en el uso de la voz leía las ordenanzas de esa semana dictadas por los ayuntamientos, esto considerando adicionalmente que era muy poca la gente que sabía leer y escribir, pero escuchando por lo menos, se daban idea de esas regulaciones. 

En la actualidad, son los medios de comunicación los que resultan de utilidad para que las personas tengan conocimiento de las regulaciones que se van imponiendo, ya que la generalidad de la población no está leyendo el diario oficial de la federación, sino que se entera de las nuevas leyes, de las reformas, por los propios medios de comunicación que le brindan la información, muchas de las veces a medias, pero les permite conocer de oídas los castigos y penas que pueden existir. 

Pero resulta que, no obstante que se encuentra la ley vigente, en tanto no seamos descubiertos, en tanto no seamos observados por la autoridad competente, regularmente no cumplimos con la ley, lo cual se presenta mucho en los países de América Latina; quizá la respuesta sea más que nada cultural, pues hemos estado desde la colonia sometidos, y en los países ya independizados no ha cambiado la situación, las democracias son  figurativas y las mejores decisiones se toman de forma técnica y no por la vía de la democracia. 

Incluso se ha considerado por muchos estudiosos del tema, economistas, historiadores, filósofos, juristas, etc., que el incumplimiento de la ley es el principal factor de que nuestros países de la región de Latinoamérica no crecemos económicamente, ya que en tanto no seamos descubiertos incumplimos con la ley; por ello pareciera que, por lo menos, en las naciones de América Latina cada miembro de la población tiene su propio “anillo de Giges”.

 

 

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