Educarse ilustra
Éricka E. Méndez Ortega
“La bebida más peligrosa es el agua; te mata si no la bebes”: El Perich, escritor, dibujante y humorista catalán.
El agua es considerada un don divino, símbolo de pureza y sabiduría, con un profundo valor espiritual. De ahí que se haya desarrollado una verdadera cultura alrededor del agua con grandes aportaciones estéticas. El agua es un elemento primordial que posee mucho valor dentro de la decoración y el arte. Apreciar un paisaje fluvial u observar la luz a través del agua se convierte en un elemento clave en el mundo de la pintura, pues representa escenas de la vida cotidiana, escenificando su papel decisivo en la agricultura, el comercio, la industria, la energía o las comunicaciones; es la principal protagonista de las obras que representan la relación entre el artista y la naturaleza.
Sin este recurso, la pintura no podría ser pintura. No sólo por su papel inspirador en la construcción de este género artístico, sino también porque la gran mayoría de pinturas utilizan el agua como base. La magia del agua en la acuarela o la acrílica es única. La acuarela sin agua simplemente no existiría, y este hecho sería terrible para los artistas plásticos y visuales y para quienes admiran sus obras. El agua también está presente en los métodos más modernos, como los sprays de graffiti, que los convierte en opciones de color mucho más sostenibles, ocupando materiales no tóxicos con lo que se puede embellecer artísticamente un muro, por ejemplo.
Y qué decir de la literatura y su relación con el agua. Ya sea como fuente de vida, como protagónica de las historias de terror, un símbolo de destrucción e, incluso, el lugar final que muchos de los que escribieron clásicos de la literatura eligieron para terminar con sus sufrimientos por voluntad propia. La literatura ha dejado claro el fiel reflejo de lo necesaria y esencial que es el agua para todos los subgéneros narrativos. Desde la mitología griega y su literatura clásica, hasta la poesía más romántica y la narrativa más contemporánea, el agua ha tenido y tiene una relación directa con la literatura. No hay mejor ejemplo que Homero y su obra “La odisea”, donde el mar es representado como un lugar arriesgado lleno de criaturas peligrosas, o Ernest Hemingway y su obra de ficción “El viejo y el mar”, donde el agua tiene diversos significados para el protagonista. O el inmenso océano que despertaba en H. P. Lovecraft al más terrible de todos sus monstruos acuáticos: el terror a la grandeza del mar.
El agua ha sido y es un elemento que permite desarrollar sentimientos y descubrir emociones; tiene la esencia para conmover y generar diversas interpretaciones, como la música que se ha producido e interpretado a través del agua en las diferentes culturas indígenas que han aprovechado los recursos naturales para producir música muy bella con jícaras, huacos o vasijas silbadoras y que, sin duda, han hecho bailar al ser humano desde tiempos ancestrales con objetivos sagrados. Todas estas manifestaciones artísticas donde está presente el agua han servido también para hacer un llamado a cuidar este maravilloso líquido, que, junto con la tierra, el aire y el fuego es uno de los pilares de la naturaleza. Así, pues, cuidemos la vida, el agua y el arte.
