Los tiempos del post-amor

En tiempos recientes se ha proclamado

con frecuencia el final del amor.

La depresión se presenta como

la imposibilidad del amor.

El amor, que hoy ya solo ha

de ser calor, intimidad

y excitación agradable”

Byung Chul Han

 

A estos tiempos que vivimos se les denomina de la post-modernidad o modernidad tardía; algunos otros autores los denominan como: “la baja modernidad”, tratando de hacerla semejante a como se dividió la edad media, en alta y baja edad media, que fueron mil años de la historia de la humanidad. Pues bien, esta post-modernidad se caracteriza porque se pone en duda la propia ciencia como el único y exclusivo conocimiento para que la especie humana logre saber cómo resolver sus problemas, pues lo que se ha experimentado es que el conocimiento científico no es suficiente; es más, los grandes filósofos de estos tiempo, es decir, del siglo XX y XXI, han sostenido que muchas de las investigaciones, descubrimientos, invenciones, se hacen sin conciencia: “la ciencia se hace sin conciencia”, esto es sin valorar o poner en la mesa cuáles serán las consecuencias de esas invenciones y descubrimientos científicos. Por ello, en parte vivimos en un tiempo que está esperando algo más que la ciencia, y debido a ello es que se le denomina como: “post”, y se pone de moda hablar de ese concepto para muchas cosas, como es el caso de la post-política, de la post-verdad y, desde luego, en este tiempo de incredibilidades, encontramos también el del post-amor, es decir, momentos posteriores a lo que la humanidad hasta la modernidad conocía como amor.

Y es que hablar de amor no es nada más de una pareja, del amor a nuestros padres o hijos o familia, es algo mucho más amplio. La iglesia católica lo que propone a sus fieles es el amor, pero el amor al prójimo. Incluso, se habla también del amor al trabajo, o en los deportes, del amor a la camiseta. Pero todo eso pareciera que se ha sustituido por el post-amor, que diluye el amor con el exceso de consumo, que lleva incluido el entretenimiento y la diversión propia, y desde luego, en el hiper-indivdualismo, que disuelve la vieja concepción del amor.

Es evidente que hoy se nos gobierna a través del entretenimiento, medularmente, se ha agotado la vieja concepción de la simple represión del Estado a sus gobernantes, o de un sistema para apaciguar a la población por medio de la fuerza; esto ya no es así, como regla general; desde luego, se sigue ejerciendo la fuerza, pero no a la generalidad de la población.

Al ciudadano de a pie se le gobierna por medio del entretenimiento, por medio de la diversión, a diferencia de los seres humanos de otros tiempos, que ni sabían que existía eso; recordemos que en los tiempos medievales se sostenía que los tres verbos que reflejaban las actividades diarias eran: orar, arar y guerrear. Hoy, lo que circula permanentemente en la cabeza de cualquier persona no es pensar para planear un trabajo, elaborar un documento, estudiar, y desde luego el amor, sino que lo primero que se nos viene a la mente es planear la diversión, luego lo demás, el amor, el estudio, el trabajo, eso viene por la inercia del tiempo, de la vida, de las condiciones.

Pero esa diversión nos desvía de lo más importante que está sucediendo a nuestro alrededor; es más, no nos importa lo que sucede al vecino de al lado, incluso a veces ni lo conocemos, mucho menos sabemos qué sucede con la economía, la política, etc. Por ello se sostiene que: “nos hemos acostumbrado a caminar entre los muertos”. Con eso, de paso, se ha perdido el amor al prójimo, ya que lo que interesa es la diversión propia, la que corresponde a diversión solamente de esa mujer u hombre que están aspirando a que al terminar esa diversión espectáculo, concierto, fin de semana, etc., ya están planeando la próxima diversión, es decir el siguiente fin de semana, las siguientes vacaciones, el siguiente viaje, fiesta, concierto, la siguiente película o serie de televisión, etc. No sabemos cuál es el padecimiento y preocupaciones de nuestros padres, hijos, esposos y esposas, pero sí estamos al tanto de la última película de estreno, del último divorcio de los artistas, del último grito en la moda de los celulares, y de los resultados de los equipos de nuestro deporte favorito. En resumen, del prójimo ni nos enteramos, por ello son los tiempos del post-amor.

 

 

Silvino Vergara Nava

(Web: parmenasradio.org)

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