MÚSICA 

Sergio Rizzo 

 

 

Existe un famoso dicho: “El aplauso es el alimento del artista”.  

En muchos sentidos es cierto. La satisfacción que los músicos o cantantes sienten al recibir el aplauso es alimento para el alma de estos artistas. Sin embargo, el artista, como en toda profesión, debe generar la economía para satisfacer la subsistencia. 

El músico dedica horas enteras a practicar el instrumento, horas enteras a plasmar ideas con la música y letra, días enteros en escribir partituras para después realizar ensambles con otros artistas, la dedicación a los ensayos y posteriormente la presentación en el escenario para hacernos sentir, como espectadores, innumerables emociones. 

Desde siempre, el artista ha necesitado mostrar su música. Al principio lo hacía a través de invitaciones personales o comunicación de boca en boca, lo que provocaba que la gente se enterara de que habría concierto de algún músico de la época. 

No fue hasta el año 1672 -que es el dato que se tiene registrado-, cuando el violinista John Banister organizó el primer concierto dirigido al público en general, en el cual se pagaba la entrada. Se publicitaba por medio de carteles pegados en la calle o en los periódicos de la época. 

Esto marcó para siempre la forma de hacer popular la música, a sus autores e intérpretes. El marketing incipiente logró que, hasta la fecha, podamos disfrutar de composiciones que fueron escritas hace más de 200 años. 

Se cuenta que el pianista y director de orquesta Franz Liszt tenía una gran cantidad de fans, a tal grado que se llegó a crear el término “Lisztomanía” debido a que desbordaba las pasiones de su público. Se dice también que fue el primer pianista en colocar el piano de perfil en el escenario, para que el público pudiera ver sus movimientos al tocar el instrumento. Sin negar por supuesto el talento que lo caracterizó… ¡Hacía show, pues! 

Con la llegada del fonógrafo a mediados del siglo XIX, el impulso a las carreras musicales creció de forma impresionante. Y qué decir de cuando nace la radio. Los conciertos de los músicos se publicitaban, con la música viajando por el aire hasta llegar directamente al oído del público. 

Aún hoy en día, los músicos necesitan de la mayor difusión posible para mostrar su arte. Se crearon empresas de marketing para promover los diferentes géneros musicales que van desde conciertos de música clásica hasta el jazz, el rock o el hip hop, creando toda una industria que, en muchos casos, es multimillonaria. 

Lo que es verdad, es que los músicos, con fama o sin fama, requieren de que la gente se entere de lo que proponen en su música.  

También es verdad que al ser una profesión en que el artista mismo se divierte, da la impresión que no es trabajo sino un pasatiempo y de que pronto se olvidan del trabajo y la disciplina que estos artistas requieren para ofrecernos su arte. 

Quizá es una de las profesiones en donde el trabajo es un verdadero gozo, pero hacer música requiere mucha labor. 

Por eso, no solo de aplauso vive el músico. Vive de la creatividad, de mostrar emociones, de estar en contacto con su público, y por supuesto, vive gracias a la difusión y remuneración de su trabajo.   

Les dejo el link de la canción “El cantante”, que escribió Rubén Blades y popularizó Héctor Lavoe. 

¡Disfrútenla!