MÚSICA 

Sergio Rizzo 

 

 

Llegó diciembre, y con él, el tiempo de los deseos de buena voluntad, armonía y paz. 

Alguna vez un amigo me preguntó: “¿Acaso de veras crees que con canciones el mundo va a cambiar?”
Hasta la fecha no sé, a ciencia cierta, si las canciones pueden cambiar al mundo. Lo que sí es seguro es que la necesidad de la humanidad por encontrar la armonía en su existencia la lleva a crear la maravilla del arte musical. 

Así como vivimos “en tiempos donde nadie escucha a nadie, en tiempos donde todos contra todos…”, como dice Fito Páez en su canción Al lado del camino, hay compositores que, como él, buscan aliviar el alma con su música. 

Y esto no es de ahora: a lo largo del tiempo hemos escuchado música que nos abraza, nos consuela y nos da la paz que siempre necesitamos. 

Se me ocurre ahora: ¿quién no se ha sensibilizado con El invierno, de Las cuatro estaciones de Vivaldi? O con la fuerza vocal de O Fortuna, perteneciente a Carmina Burana. “La música amansa a las fieras”, según dicen, y parece que esto es cierto. 

La importancia de ayudar a crear la paz en nuestro planeta es labor diaria de los artistas. Es muy probable que el creador de cualquier obra musical no lo haga pensando: “¡Con esto cambiaré el mundo!” ¡No! Seguramente que no. Pero estos seres humanos privilegiados tienen la capacidad de mostrar parte de su alma en cada pieza que escriben, y al hacerlo nos devuelven un poco —o un mucho— de la esperanza perdida, las alegrías olvidadas, o nos llevan, como dice Joaquín Sabina, “…a llorar cuando valga la pena…”. 

El mundo, actual y siempre, ha estado convulsionado por la violencia, la guerra, la avaricia y el hambre. Pero siempre aparecen las siete notas del pentagrama para sanar, aunque sea un poco. 

Habrá que recordar cómo, durante la pandemia de hace ya algunos años, en distintas partes del mundo la gente salía a sus balcones a cantar piezas populares y a estar en sintonía con otros que, como muchos, veían invadido su espíritu por la angustia y la zozobra. Ahí estuvo otra vez la bendita música: conteniendo, consolando y brindándonos paz. 

Que la música, queridos lectores, cambie o no el planeta, yo no lo sé de cierto. Sin embargo, habrá que intentar cambiar el mundo propio, y eso sí: creo que la música es una herramienta para conseguirlo, y tal vez, sólo tal vez, podamos cambiar lo atroz y terrible de la humanidad por la serenidad y el sosiego. 

Quizás la clave —y con esto concluyo— sea darle una oportunidad a la paz, como dijera John Lennon. Aquí les dejo el link con su canción “Give peace a chance”.

 

Feliz fin de año y nos encontramos en la próxima edición.