Luis Antonio Godina Herrera
Quienes nacimos en la década de los 50 del siglo pasado, tuvimos un contacto estrecho con los cómics, tanto los elaborados en México como en otros países. Sin duda, La Familia Burrón, Kalimán o Fantomas fueron parte de nuestra niñez, así como Superman o Batman. No obstante, una de las vinculaciones entre la poesía y el cómic data de los siglos XVIII y XIX, a mayor precisión del poeta inglés William Blake, que en su poema Tigre, ya prefigura el argumento de un cómic:
¡Tigre! ¡Tigre! Ardiendo brillantemente
En los bosques de la noche,
¿Qué mano o qué ojo inmortal?
¿Podrías enmarcar tu temible simetría?
¿En qué profundidades o cielos distantes
Ardió el fuego de tus ojos?
¿A qué alas se atreverá a aspirar?
¿Qué mano se atreve a apoderarse del fuego?
…
¡Tigre! ¡Tigre! Ardiendo brillantemente
En los bosques de la noche,
¿Qué mano o qué ojo inmortal?
¿Te atreves a enmarcar tu temible simetría?
Ya en siglo XX el poeta y escritor ruso Vladimir Nabokov publicó, en 1942 un poema llamado El lamento del Hombre del Mañana, que se identifica como una referencia a Superman; leamos:
Estoy forzado a usar estos anteojos:
si la acaricio con mis super-ojos,
sus órganos ya veo palpitar
(como criaturas del profundo mar)
entre sus huesos. Y harto de vagar,
tronco errante (mi homónimo en Lear),
poco valoro, en mi ajustado traje,
mi torso espléndido, muslos salvajes,
el rulo azul oscuro de mi frente,
mi quijada angulosa. Honestamente,
confieso mi fatal limitación…
No hablo del pacto Realidad-Ficción,
por el que no voy a pisar ni un poco
el bello Berchtesgaden, ni tampoco
de mi reclutamiento. Esto es peor:
un desajuste trágico de amor.
…
Por eso es que, no importa adonde vuelo
–calza azul, capa roja, sol y cielo–,
no me emociona perseguir bandidos…
Y Kent, el de anchos hombros, deprimido,
saca de la basura ropa oculta
y la capa de Superman sepulta;
y cuando ella suspira en Central Park
–donde se alza mi estatua– y dice: “Oh, Clark…
¿¡no es maravilloso!?”, miro al frente
y anhelo ser solo un tipo corriente.
[Traducción del inglés: Hernán Martignone]
Una joya que hace ver al superhéroe del cómic como alguien que desea al final no volar, no tener vista de rayos x, sino solamente ser “un tipo corriente”. Menuda sorpresa para algunos. Luisa Lane, al final sí tuvo a su merced el corazón de acero de Clark Kent.
Sin duda Gabriel Vargas creó uno de los mejores cómics en la historia de México: La Familia Burrón, que expone la vida de una familia en una modesta vecindad en la capital del país. Los dibujos del cómic y muchos de sus diálogos son extraordinariamente poéticos. Hay incluso un personaje que es poeta: Avelino Pilongano. Hurgando en google, encontré versos sobre esta familia escritos por Gonzalo Rojas Aranda.. Comparto un fragmento:
Pido a damas y a señores
que le rindamos honores
a un mexicano afamado,
por el mundo renombrado.
Don Gabriel Vargas Bernal,
hombre de ingenio genial,
ser pensante, puro artista,
dibujante, historietista.
Para el gusto de la gente,
forjó la idea en su mente
de “La Familia Burrón”,
tan famosa en la nación.
Mis recuerdos son sinceros,
ahorraba algunos dineros
en pos de hazaña genuina,
ir al puesto de la esquina.
Los cómics había que esperarlos. Estaban cada semana en el puesto de periódicos de la esquina, que en esos años eran una especie de Wikipedia. Ahora los tenemos a la mano en cualquier instante. Así es también la poesía, hay que esperar a que llegue o bien tenerla a la mano en cualquier momento o provocación.
