Luis Antonio Godina Herrera
Si partimos de que nuestro planeta está conformado en un 70 por ciento de agua, podríamos afirmar, parafraseando a Carlos Pellicer, que su nombre debiera ser “planeta agua” y no “planeta tierra”; algo similar sucede con el cuerpo humano, que tiene el 60 por ciento de agua. Asimismo, en el mundo antiguo los cuatro elementos que explicaban todo eran: tierra, aire, fuego y agua. El agua, entonces, nos rodea, nos condiciona, nos hace vivir y su carencia nos lleva al camposanto.
La poesía ha tenido en el agua una de sus inspiraciones más señaladas. El espacio de esta colaboración sería insuficiente para relatar la forma en que el agua y la poesía se han hermanado a través del tiempo. Pero creo que vale la pena compartirles parte de poemas que me han marcado. Dos de ellos los escribió Jorge Luis Borges. Empiezo por La lluvia:
Bruscamente la tarde se ha aclarado
porque ya cae la lluvia minuciosa.
Cae o cayó. La lluvia es una cosa
que sin duda sucede en el pasado.
He leído este cuarteto muchas veces y siempre me hace pensar en la posibilidad de que la lluvia de hoy pudo haber caído alguna vez, en algún tiempo, en el mismo sitio, ello a pesar de la afirmación de Heráclito de que no es posible bañarse dos veces en el mismo río. El otro poema de Borges es El mar:
Antes que el sueño (o el terror) tejiera
mitologías y cosmogonías,
antes que el tiempo se acuñara en días,
el mar, el siempre mar, ya estaba y era.
¿Quién es el mar? ¿Quién es aquel violento
y antiguo ser que roe los pilares
de la tierra y es uno y muchos mares
y abismo y resplandor y azar y viento?
…
¿Quién es el mar, quién soy? Lo sabré el día
ulterior que sucede a la agonía.
No puede haber una concepción del mar como origen y como destino más profundo que este poema de Borges. Cuando nos involucramos con la inmensidad del océano nos damos cuenta de nuestro tamaño, pero también de nuestra necesidad de tener cerca a este amigo, el mar, como final, como dice Jorge Manrique: “nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir”.
El poeta jerezano Ramón López Velarde, en Hermana, hazme llorar, lleva el mar, lleva el agua, a ser fuente de inspiración para escribirle a su amor imposible, Fuensanta:
Hermana
dame todas las lágrimas del mar.
Mis ojos están secos y yo sufro
unas inmensas ganas de llorar.
…
Fuensanta:
¿tú conoces el mar?
Dicen que es menos grande y menos hondo
que el pesar.
…
Hermana:
dame todas las lágrimas del mar…
Finalmente, incluyo una fracción del poema de Pablo Neruda, también llamado El mar:
Necesito del mar porque me enseña:
no sé si aprendo música o conciencia:
no sé si es ola sola o ser profundo
o sólo ronca voz o deslumbrante
suposición de peces y navios.
…
¡Lo que antes me enseñó lo guardo! Es aire,
incesante viento, agua y arena.
Los poetas de cualquier tiempo (Manrique o Neruda, por ejemplo) han tenido la constante presencia del agua, del mar. ¿Quién de nosotros no se ha emocionado con sólo mirar el horizonte y soñar con el maridaje del mar y el cielo, vistos desde la orilla de cualquier playa? No es mala idea aproximarse al mar y al hacerlo leer cualquiera de estos poemas; lo viviremos de otra forma, de una forma más poética, que le dará un sentido más pleno a nuestra vida.
