Luis Antonio Godina Herrera 

 

 

Sin duda el futbol se ha convertido en motivo de charla, debate y pasión a lo largo y ancho del mundo. Incluso se dice que hay tres temas que no hay que tocar en cualquier reunión familiar o de amigos: la religión, la política y el futbol. Así de importante se ha vuelto. 

Nuestro país hará historia porque será el primero en el que se jueguen tres copas del mundo, así como el primero que tenga tres juegos de inauguración. En los meses de junio y julio solamente se escuchará un idioma, y ese será el del balompié.  

Se preguntarán: ¿se puede relacionar ese deporte con la poesía? Confieso que soy un apasionado del futbol (aunque nunca lo jugué) y a lo largo de mi vida he podido ser testigo de hechos del futbol que podrían ser verdaderos poemas, como por ejemplo el juego del siglo en 1970 entre Alemania e Italia, en donde Franz Beckenbauer jugó con un brazo vendado, la trágica fractura de tibia de Alberto Onofre antes de ese mismo mundial, los goles de Pelé o Maradona, o el heroísmo de Hugo Sánchez para sobreponerse a las actitudes racistas cuando llegó a España. 

Hay también literatura sobre el tema. Los textos semanales de Juan Villoro y los libros que ha escrito sobre futbol son indispensables; el más reciente, Los héroes numerados, es exquisito. Sin embargo, hurgando en internet (https://www.zendalibros.com/5-poemas-futbol/) encontré poemas en los que el futbol o quienes lo practican son fuente de inspiración. 

Miguel Hernández escribió la Elegía al guardameta, dedicada a A Lolo, Sampedro joven en la portería del cielo de Orihuela. Les dejo un fragmento: 

En el alpiste de sosiego,
de tiza galonado
para siempre quedó fuera del juego
Sampedro, el apostado
en su puerta de cáñamo añudado. 

Goles para enredar en sí, derrotas,
¿no la mundial moscarda?
que zumba por la punta de las botas,
ante su red aguarda
la portería aún araña parda… 

Otro gran poeta español, Rafael Alberti, escribió una oda a un portero húngaro llamado Franz Platko: 

 

Ni el mar, 

que frente a ti saltaba sin poder defenderte. 

Ni la lluvia. Ni el viento, que era el que más rugía. 

Ni el mar, ni el viento, Platko, 

rubio Platko de sangre, 

guardameta en el polvo, 

pararrayos. 

 

¡Oh, Platko, Platko, Platko 

tú, tan lejos de Hungría! 

¿Qué mar hubiera sido capaz de no llorarte? 

Nadie, nadie se olvida, 

no, nadie, nadie, nadie. 

 

Mario Benedetti dedicó Hoy tu tiempo es real a Diego Maradona, quien hizo magia con su pierna izquierda; estos versos dan idea de la compleja relación entre poesía y futbol: 

 

Tu esperanza ya sabe tu tamaño
Y por eso no habrá quien la destruya
Ya no te sentirás solo ni extraño.
Vida tuya tendrás y muerte tuya. 

Ha pasado otro año, y otros años
Les has ganado a tus sombras, aleluya. 

   

Finalmente, comparto un breve poema de Günter Grass, Estadio de noche: 

Lentamente ascendió el balón en el cielo.
Entonces se vio que estaba lleno el graderío.
En la portería estaba el poeta solitario,
pero el árbitro pitó fuera de juego. 

 

Las letras y los goles se conjuntan y afloran. Estos días gritemos a nuestro equipo favorito, pero pensemos, si hay tiempo, en que un poco de poesía nos ayudará a disfrutar mejor cada partido. Maradona dijo: “La pelota no se mancha.” La poesía, tampoco.