HITOS

 

La vida de Roger Allers está escrita a lápiz y a color. Su vocación se le impuso con terquedad casi heroica recibiendo con gusto todos los accidentes del destino. Desde aquel niño que, a los cinco años, quedó hechizado por Peter Pan hasta el creador que dio forma a El Rey León, Allers fue un artista que creyó en el poder moral y narrativo de las historias. Y fue de los primeros que, al igual que Guillero del Toro, vio en la animación un medio, y no un género en sí mismo. 

Allers entendió que las grandes historias no se rebajan al simplificarse, sino que se afinan. Le presentó a toda una generación de niños, jóvenes y, por qué no, también adultos, una de las obras más importantes de Shakespeare: “Hamlet”, en la forma de una película en apariencia infantil. Esta cristalización de una visión narrativa donde la tradición clásica y la narrativa comercial se unen para resignificar una obra y un contexto histórico, la llevó desde la escena teatral de Broadway hasta proyectos más personales y complejos como El Profeta. 

Su salida de Disney fue un tanto conflictiva. Las fricciones creativas lo colmaron, revelando así un rasgo fundamental de su carácter: la negativa a sacrificar la coherencia artística en nombre del consenso corporativo.  

Con su muerte, se va una figura importante del cine y un creativo que vio en la animación una forma legítima de literatura visual. El legado más importante de su cine es de enseñar que la imaginación también es una forma de verdad.