CINE 

Agustín Ortiz 

 

 

En el séptimo arte hay películas grandiosas, excelentes, muy buenas, mediocres, malas e infames. 

Pero también existen las necesarias. 

Y para esta época, una que es muy especial. 

Y real. 

La llamada Tregua de navidad es un hecho no muy conocido que ocurrió en 1914, a cinco meses de iniciada la primera guerra mundial, donde soldados alemanesfranceses y británicos decidieron un cese al fuego una semana antes de Navidad, poniendo la humanidad antes del conflicto bélico que los envolvía: charlasfunerales para los caídoscomidaintercambio de prisioneros y villancicos fueron solamente algunas de las acciones que los soldados realizaron, recordando que antes de ser soldados eran seres humanos, seres que buscaban la esperanza aún en la obscuridad. 

Es justamente este hecho el que inspira un clásico navideño oculto para estas fechas: Joyeux Noël (2005), una coproducción europea dirigida por el francés Christian Carion (1963) y protagonizada por Daniel BruhlGuillaume Canet y Diane Kruger, donde a lo largo de dos horas se nos narra la historia de esa tregua que devolvió, por unas noches, la esperanza de que un mundo mejor era posible, esto mezclando en partes iguales tanto cine bélico como drama intimista, diluyendo el horror de la guerra en fe por un mundo mejor. 

 

Un mensaje necesario 

Un mensaje que seguimos necesitando recordar, porque fue ahí donde los soldados dejaron de ver en el rostro del otro a un enemigo, para ver un rostro humano. 

El de un amigo que no conocían. 

Y cruzaron las trincheras para darse la oportunidad de conocerse. 

Y la guerra pudo esperar. 

La guerra puede esperar. Debe no ser.