Unidas para siempre

La danza. Esta expresión corporal que nace (como todo el arte) por la necesidad de expresar emociones, sentimientos humanos y acontecimientos sociales.  

Cuando la, o el bailarín, sueltan la pasión en este bello arte, parece que les nacieran alas y a los simples mortales nos parece que se elevan y flotan y nos mueven el alma al compás de sus movimientos. 

De repente, sin darnos cuenta, estamos sumergidos en un mundo alucinante en el que el protagonista de pronto es un cisne, o un brujo, o un venado perseguido y asesinado. 

Una danza que siempre me impresionó y aún lo sigue haciendo, es nuestra danza del venado, tan llena de belleza y dramatismo. 

También están las danzas cuyo lenguaje es el de conquista, romance y coqueteo entre los bailarines, El danzón, por ejemplo. Este género, que nació en Cuba a principios del siglo XVIII y que a finales del siglo XIX lo adoptamos en México, llegó a ser una de las danzas más importantes en nuestra cultura. 

Y ¿qué me dicen del tango? Esa danza de contacto y fuerza de la pareja unida en movimientos sensuales y llenos de cadencia. Y cómo no iba a ser de esas características, si nació de la mezcla de afroamericanos, criollos e inmigrantes europeos. ¡Pura fuerza! 

La danza; para alabar a dioses, para generar mejores cosechas, para ir a la guerra, para enamorarnos, para sentirnos cerca y siempre unida a la música de una u otra forma. Aunque la danza no requiera de notación musical, se une a la música por los compases, por la métrica, por los matices, por el ritmo. 

Así que, queridos amigos (as), de ahí surge la idea de que estarán unidas para siempre. 

Les dejo en esta ocasión con el link de la canción “Alas de tango”, del autor argentino León Gieco, en la que explica la danza del tango en su máxima expresión. 

¡Hasta la próxima! 

Sergio Rizzo 

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