HITOS II

 

El 21 de febrero de 2026 murió en Nueva York Willie Colón. Permanecía hospitalizado desde días antes. Tenía 75 años. Con él se va una figura, tanto artística, como política, pero, sobre todo, decisiva de la música latina del siglo XX. 

Nació en el Bronx en 1950, hijo de puertorriqueños. Creció entre la ciudad y la isla, educado por su abuela y su tía. Aprendió clarinete, trompeta y finalmente trombón, el que convirtió en su marca personal y voz propia. Desde joven entendió el peso de la vida migrante en la llamada Gran Manzana. Transformó esa experiencia en sonido, notas al aire, humo y canto. 

A los 17 ingresó a Fania Records, sello de la escena neoyorquina. Allí formó una sociedad con Héctor Lavoe. Entre 1967 y 1973 grabaron discos que crearon el lenguaje salsero de guetto. El Malo, The Hustler, Guisando, Cosa Nuestra. Historias de barrio, ironía callejera, trombones al frente. La estética de gánster en las portadas creó el personaje de lo que sería el Dolemite boricua. 

Tras la ruptura inició otra etapa junto a Rubén Blades. De esa alianza surgió Siembra, en 1978, uno de los álbumes más influyentes del género. El gran varón, Talento de televisión, canciones que creaban conversaciones de carácter filosófico mientras se bailaba. También produjo a Celia Cruz y respaldó proyectos ajenos mientras desarrollaba su carrera individual. 

Exploró arreglos orquestales, incorporó cuerdas, abordó repertorio brasileño, escribió sobre desigualdad, violencia, identidad. Defendió una idea clara. La salsa era pura política. 

En diciembre de 2023 sufrió una descompensación en Cali, y ya iniciaban las conversaciones entorno a su retiro. No hubo despedida formal, un día simplemente se fue y ya. Quedan sus archivos, sus trajes, sus habanos, y un sonido urbano, consciente de su tiempo.