SOCIOLOGÍA DE LA SUPERVIVENCIA
Silvino Vergara Nava
“En la cultura latinoamericana crucificamos
al que fracasa y eso se refleja
en nuestras leyes; en muchos
países te vas a la quiebra y
estás jodido durante años”.
Andrés Oppenheimer
Pocas bebidas alcohólicas se disfrutan y se han comercializado tanto como el mezcal artesanal; no vemos brandy o vodka artesanales, menos los estaríamos consumiendo; lo que si consumimos con gusto es el mezcal artesanal, ese que viene en botellas improvisadas, que no tiene a veces marca, o bien, cuya marca no está registrada, y si esa botella de mezcal tiene de causalidad su etiqueta, suele ser muy rústica, pero ese es el mezcal que más se disfruta y se comparte.
Pero eso no es todo, adicionalmente no cuenta con autorización de las autoridades fiscales para poderse comercializar, es decir, no contiene marbete alguno, según los mezcaleros; esto hace que el costo de la botella se vaya a las nubes y que sea imposible vender una botella, por eso y por los trámites burocráticos es que prefieren venderlo, como las rifas en las escuelas, las parroquias y las iglesias: “entre amigos”.
Sin embargo, ese mezcal artesanal, al que bien le podríamos también denominar “casero”, se queda en eso, no avanza más, se trata de una producción sumamente limitada, que solamente alcanza para “los amigos”. Cuando los empresarios mezcaleros, porque lo son, intentan hacer otras cosas para mejorar la comercialización de su botella de mezcal, entonces caen en el fracaso y por eso es que prefieren quedarse a producirlo, procesarlo y venderlo “entre amigos”.
Verdaderamente que los denominados mezcaleros son empresarios, pues estos ven la forma de sembrar, cosechar, procesar, vender su producto, se las ingenian con el diseño de la botella, son los que les ponen nombre a sus mezcales, aun sin registrarlos en alguna institución, absorben muchas de las ocasiones el gasto de todo el camino para que llegue esa bebida exótica a la botella y, más que eso, a la mesa de cualquier aficionado al mezcal, pero desafortunadamente sigue siendo mezcal artesanal, sigue siendo su venta muy limitada, sigue siendo entre amigos.
Y lo sorprendente es que se trata de las pocas bebidas que por costumbre se pueden vender y consumir artesanalmente, a pesar de no contar con las autorizaciones de las autoridades fiscales; se sabe que es artesanal, sin que haya sido autorizado debidamente, pero se toma con la confianza de que es una buena bebida, que eso es lo más sorprendente respecto a la actitud del público consumidor.
Quizá esto se debe a que el mezcal siempre ha sido así por tradición ancestral, incluso, es más que sabido que se trata de una bebida medicinal. El que lo toma como aperitivo antes de la comida tiene más que comprobado que tiene menos tendencia a enfermarse de las vías respiratorias, del corazón y de problemas gastrointestinales; la respuesta todavía no la puede dar la ciencia, pero los médicos más experimentados lo constatan y lo recomiendan, a veces hasta lo recetan.
Hay quien ha dicho que del maldito covid de 2020 muchos salvaron la vida gracias a ese trago de mezcal como aperitivo para continuar con la sopa y el guisado; nunca fueron a vacunarse, estuvieron con personas contagiadas y no se contagiaron; ese ciudadano de a pie que religiosamente se tomaba de aperitivo su mezcal siguió la vida como si no hubiera pasado nada, nadie lo comprueba, pero sabe perfectamente que fue debido a ese caballito de mezcal.
¿Por qué se queda esa bebida tan mágica en una producción siempre artesanal? Como se ha mencionado, el costo de registrarlo, de implementar todos los mecanismos para contar con el marbete que expide la autoridad fiscal, hace que sea enormemente complicado que se pueda pasar de algo simplemente artesanal a un nivel más elevado en su producción, en aumentar su comercialización.
Muchos de los mezcaleros en las zonas en donde viven y tienen sus siembras y procesos, no cuentan con acceso a Internet, por ende, no pueden cumplir con las obligaciones fiscales una vez inscritos, lo cual provoca que se topen con sanciones excesivas, sumamente elevadas para esos micro- empresarios, y que la legislación tributaria no perdona. Por ende, arrastran su fracaso durante un tramo muy largo de sus vidas, por lo cual prefieren arrinconarse en la producción artesanal, razón más clara de que nuestro sistema jurídico castiga excesivamente la ignorancia, la falta de conocimiento, el fracaso empresarial.
El mezcal artesanal es una muestra desafortunada de nuestra cultura jurídica de castigar al emprendedor; desgraciadamente para la economía nacional, pero afortunadamente para todos los que están convencido de que “Para todo mal mezcal…. Y para todo bien, también”.
Web: parmenasradio.org
