Cine y educación

Cuando se habla de las herramientas o estrategias académicas que el docente puede emplear para llamar la atención de sus alumnos al aprendizaje, muy pocas veces se voltea a ver las opciones que ofrece el llamado séptimo arte. El cine tiene un sinfín de ventajas que facilitan la asimilación de los conocimientos requeridos en los estudiantes, dado que es una gran influencia en la vida del ser humano, y hasta ahora no se ha sabido de alguien a quien le desagrade estar frente a una pantalla disfrutando de una buena película, y menos si los espectadores son adolescentes a quienes es necesario motivar en las aulas con estrategias diferentes a las comunes. 

La mayoría, si no es que todas las asignaturas del plan de estudios de educación básica, contienen temas que bien pueden abordarse desde el punto de vista de la cinematografía. Especialmente las asignaturas teóricas que no siempre son del agrado de los docentes. Ver cine en clase es una actividad que se escapa de lo habitual, le sirve al estudiante para evadirse de sus tareas normales dentro del aula, lo que, sin duda, incrementa su interés, participación, análisis, vocabulario, emoción y un extenso etcétera que mucha falta hace en los salones de clases. 

Una de las bondades que nos ofrece el cine es que se ve y se escucha al mismo tiempo, razón por la cual es difícil caer en distracciones que normalmente un libro de texto o la voz monótona del docente pueden causar. No es lo mismo leer en una sesión de clase tres páginas de la Segunda Guerra Mundial para hacer un cuestionario de treinta preguntas, memorizar las respuestas y que a los dos días queden en el total olvido, que ver la película “El pianista” de Roman Polanski, por ejemplo. 

Entonces, es necesario fomentar la estrategia del cine como una herramienta eficaz de asimilación, comprensión, reflexión y memorización de los aprendizajes esperados en educación básica, pues aparte del contenido histórico, al convivir en clase con el cine, se logra una empatía con los protagonistas, dado que los espectadores sufren, ríen, lloran, se enojan, disfrutan con ellos, y esto deja una gran huella en quienes se están educando, pues facilita las habilidades cognitivas mediante los hechos presentados en el filme. 

Y, por si fuera poco, el cine dentro del aula ofrece al docente la gran oportunidad de echar mano de otra de las bellas artes que debe ser la piedra angular en la educación: la literatura. De esta manera se puede incitar a leer la obra literaria que ha servido de base para realizar el filme, si es el caso. Porque definitivamente el cine, al igual que la literatura, nos acerca de una manera entretenida y agradable al conocimiento. Es una ecuación lógica y sencilla. Más cine y más literatura es igual a más y mejor conocimiento. 

 

 

Éricka E. Méndez Ortega 

eryelmeor@gmail.com 

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