Cómo la tecnología modificó nuestro acercamiento al conocimiento y la cultura

 

Hace algunas décadas, las películas de ciencia ficción sorprendían a un público cautivo ante las posibilidades soñadas que mostraban, y que a los ojos de aquellos quienes las veían, más parecían fantasía que una genuina posibilidad científica que podría llegar a materializarse algunos años después. Un mundo sorprendente, que por sus características parecía más bien algo alienígena por lo ajeno a nuestra realidad, lleno de artilugios tecnológicos que parecían imposibles, alimentó la imaginación de cineastas y escritores de ciencia ficción por generaciones.  

Quién iba a imaginar entonces que ya en las dos primeras décadas del siglo XXI todo ello sería una realidad consolidada, y que con excepción de los autos voladores y los viajes interplanetarios convertidos en algo común, todos los artefactos y sus funciones que aquellas historias imaginaron pasarían a ser parte de la realidad cotidiana de todos nosotros: celulares, computadores, pantallas por todas partes, videollamadas, comunicación inalámbrica digital e interconexión con cada rincón del planeta al alcance de todas las personas mediante una simple pantalla táctil, mapas satelitales en nuestros teléfonos, lavadoras que son más computadoras que simples máquinas mecánicas, dinero electrónico, etc. En pocas palabras, la informática dominándolo todo, absolutamente todo, cada aspecto de nuestras vidas, para bien o para mal. 

¿Y esto cómo modificó nuestro acercamiento a la cultura, al conocimiento, a los libros? Porque necesariamente lo hizo, de la misma manera que modificó en todos los aspectos la forma en que nos relacionamos con nuestro mundo. 

Sin duda, el invento de Gutemberg fue la primera gran revolución tecnológica que hizo posible la expansión del pensamiento escrito, y que, por lo tanto, cambió para siempre la manera en que los seres humanos nos relacionamos con la cultura y el conocimiento acumulado de siglos de producción del pensamiento humano. Vendrían después otras revoluciones, como la industrial, que consolidarían aún más esa gran producción masiva de cultura y conocimiento. 

Sin embargo, no sería sino hasta esta presente revolución digital que vivimos en el actual momento histórico, cuando sucedería algo comparable a lo que sucedió con la invención de la imprenta, con la misma importancia y trascendencia de aquel hecho que marcó un antes y un después para la cultura humana. 

Y es que, el continuo y masivo flujo e intercambio de datos digitales que se da entre todos los dispositivos que ahora mismo están interconectados entre sí en todos los rincones del planeta, a tan sólo un click o un touch de distancia, ponen a nuestro alcance una cantidad de conocimiento escrito, cultura y arte, como jamás en toda la historia de la humanidad hubiera podido imaginarse, ni aun en la famosa Biblioteca de Alejandría, que fue en su momento el depósito más grande del saber.  

Todo el conocimiento enciclopédico, todo el saber científico, toda o al menos la mayor parte de la literatura clásica, y todo el arte producido hasta ahora, se encuentra en ese depósito omnipresente y ubicuo que conocemos como Internet, y basta con googlear lo que buscamos en el famoso buscador, para encontrar prácticamente cualquier cosa imaginable que haya producido o estudiado el hombre. 

Ahora bien, ¿es todo esto algo positivo o negativo? La respuesta a ello es que depende. Y es que, así como en ese inmenso mar de datos tenemos a nuestra disposición todo el conocimiento existente, también hay una cantidad igualmente inmensa de desinformación y contenido basura a la que es igualmente muy fácil tener acceso. Por ello, lo recomendable es aplicar un cierto discernimiento en cuanto a las informaciones a las que diariamente nos exponemos de esta forma. 

Otro de los aspectos negativos que ha traído consigo esta nueva manera de relacionarnos con la cultura, es que en buena medida nos hemos apartado del material impreso, adquirimos menos libros (pues casi todo está en formato electrónico o en PDF), visitamos menos las bibliotecas, nos acercamos menos al arte contenido en museos, sustituyendo la experiencia física por una visita virtual, y vamos menos a conciertos y recitales musicales, pues todo está disponible en Youtube. 

Por eso es que desde estas líneas sostenemos que, si bien no es para nada negativo que la tecnología nos acerque a todo ese contenido cultural, sino por el contrario, puede ser precisamente nuestra puerta de entrada y primer acercamiento a todo ese contenido, Internet no debe de ser un sustituto de las formas tradicionales de relacionarnos con la cultura, sino, antes bien, ser un complemento de ellas para ampliar aún más nuestro saber y nuestros referentes.  

Por eso, invitamos a los lectores de este breve artículo a utilizar la red para informarse y cultivarse, para tener acceso a los libros que allí se encuentran disponibles en PDF, y a buscar información sobre personajes, obras y lugares. Pero se les invita también a adquirir libros impresos, a visitar museos y bibliotecas, y a viajar, si es posible, para que no todo se quede en la experiencia virtual a través de una pantalla. 

 

 

Miguel Campos Quiroz 

camposquirozmiguel@gmail.com 

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