“La niñez actual: de la cultura del miedo a la cultura de la diversión”

“Además de controlar los recursos militares, 

ese Estado poderoso controla también los 

recursos ideológicos, alimentados por medios 

de comunicación integrados en la misma 

lógica o por una regulación de la enseñanza 

que orienta o adoctrinar a la ciudadanía”: 

 

Juan Carlos Monedero 

 

Según las definiciones de los diccionarios de la lengua española, se dice que es cultura: “El conjunto de conocimientos y rasgos característicos que distinguen a una sociedad, una determinada época o un grupo social”. De ser así la cultura, entonces habría que delimitar qué está sucediendo con la cultura que se está forjando en la niñez de la actualidad, en esta post-modernidad en donde el slogan es: “A dudar de todo”, incluso de la ciencia, pasando por la incredibilidad de nuestras instituciones y, desde luego, con lo que es conocimiento verdadero o falso. 

En los finales del siglo XVIII un profesor de la niñez en Sudamérica, el profesor, ni más ni menos que de Simón Bolívar, Simón Rodríguez, sostenía: “Mandar recitar de memoria lo que no se entiende, es hacer papagayos. Enseñen a los niños a ser preguntones, para que se acostumbren a obedecer a la razón: no a la autoridad como los limitados, ni a la costumbre como los estúpidos. Al que no sabe, cualquiera lo engaña. Al que no tiene, cualquiera lo compra”. 

Eran tiempos para provocar a la niñez, hacerla pensar, de allí se sigue el emblemático profesor brasileño avecindado en Chile Paolo Freire, quien sostenía que el sistema educativo en su región, que también es la nuestra, era un sistema bancario, en donde los alumnos eran como las cuentas de ahorro de las décadas de los cincuenta a los ochenta del siglo XX, que consiste en que se recibe la información y luego se repite la información depositada. Sin embargo, quien pensaba más allá de lo oficial, siempre se topaba con problemas muy recurrentes, que eran las persecuciones del sistema. Recordemos en el siglo XX los gobiernos militares en Sudamérica, las dictaduras en Europa, desde Italia, pasando por Grecia, Portugal, España, hasta llegar a Alemania. El sistema era totalmente impositivo, autoritario, con una cultura que se forjó bajo el miedo sobre las consecuencias de quien se opusiera a lo oficial. 

El resultado de esta represión generalizada fueron muchos movimientos de los jóvenes de esos tiempos, como sucedió con los movimientos del 68 en Francia y en muchos países occidentales; desde luego México no fue la excepción. En resumen: buscaban un mundo distinto y enfrentaron persecuciones, encarcelamientos, desapariciones, los denominados vuelos de la muerte; en pocas palabras, se implementó la cultural del miedo. 

Pero han pasado muchos años de esos movimientos; quizá el más cercano es el que se sucedió en el movimiento en el Mediterráneo con los jóvenes de la primavera de 2011, en Madrid, en la Plaza del Sol, sentados miles de jóvenes en protesta, acto que cundió por muchos países del mundo occidental. En México basta con recordar el movimiento “yo soy 132”. Esos movimientos y reclamos, particularmente en Europa y en Estados Unidos de América, no fueron solamente contra las instituciones del Estado, eran contra el sistema económico, y particularmente el sistema financiero, los bancos; sin embargo, esa cultura de la oposición se fue desvaneciendo. Hoy solamente quedaron esos reclamos en un partido político de España, “Podemos”, y no hay más. Por su parte, después de esa cultura del miedo o del terror, se fueron agotando las ideas para sostener la simple represión. Como lo sostuvo alguna vez Michel Foucault, un Estado no puede subsistir simplemente con la represión a su población, es decir, con la cultura del miedo. 

En la América Latina las guerrillas, desde los cincuenta hasta los ochenta del siglo XX, son meros sucesos históricos, como es el caso de la guerrilla colombiana, que en parte se sumó como partido político, lo mismo que sucedió en Perú. Sin embargo, no hay más reclamos por los jóvenes. El sistema que se tiene en la actualidad los neutralizó; los reclamos desaparecieron, no necesariamente por mayor represión, sino por mayor diversión. 

Entonces, ¿qué le estamos fomentando a la niñez?, ¿que respeten sus derechos?, ¿que reclamen sus derechos? En principio ¿cuáles son esos derechos?, porque por el derecho a la vida se están permitiendo el aborto y la eutanasia, un ejemplo claro de que las ideas no están muy claras en relación con los derechos humanos. Pero eso es lo de menos para este ensayo. Sinceramente, lo que ha influenciado a la niñez es la cultura ya no del miedo, como fue en las generaciones pasadas, sino la cultura de la diversión, del entretenimiento, de que la vida hay que gozarla, después las preocupaciones.  

Ya lo vaticinaba en su obra el escritor inglés A. Huxley: “que todo será diversión”, no hay más preocupación que la propia diversión, cada quien según sus capacidades. Alguien tendrá la diversión de fin de semana de acudir a una carrera de fórmula uno en cualquier parte del mundo. En tanto, otro tendrá la oportunidad de acudir a un balneario de su ciudad. Pero lo que se ha inculcado es la diversión, y sobre todo la distracción en la niñez. Y esto se ha facilitada a través de los medios tecnológicos, que son los que han acabado con la cultura del libro, por citar un ejemplo. Es muy raro observar que se lean libros en las vías públicas. Son más los dispositivos electrónicos conectados a Internet que se leen para estar entretenido en las redes sociales, y pocos los que se toman la paciencia de leer un libro. Además, habría que ver qué tipo de cultura se está fomentando en esos libros a la niñez: de superación personal, de embellecimiento del cuerpo. En resumen, de mera distracción. 

Y es que la simple distracción está acabando con las aspiraciones para un mundo mejor, pues el que está distraído no cuenta con el interés y el tiempo de lo que sucede en el día a día, ve muy lejano y remoto lo que sucede con la inseguridad pública, con la inflación, con el desempleo, con la quiebra de los bancos. La muestra más palpable es que en las últimas elecciones en México (en el Estado de Nuevo León) ganó quien cuenta con mejores redes sociales, no quien cuenta con mejores ideas. Lo cierto es que estamos forjando una cultura de diversión para las futuras generaciones. Así, solamente nos queda la pregunta lapidaria de M. Heiddeger: ¿y después qué?  

 

 

Silvino Vergara Nava 

Web: parmenasradio.org

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