Poesía para no expertos

Afirma Irene Vallejo en El infinito en un junco: “La lucha por preservar nuestras creaciones valiosas: las palabras que son apenas un soplo de aire; las ficciones que inventamos para dar sentido al caos y sobrevivir en él; los conocimientos verdaderos, falsos y siempre provisionales que vamos arañando en la roca dura de nuestra ignorancia.” Así define ella nuestra alianza con los libros. Con el libro.  

En estos tiempos por demás nublados, en donde asola al mundo el fantasma de la guerra, el refugio de la lectura es una forma no de evadirnos, sino de buscar la manera de entender lo que pasa y buscar la forma de dar pasos hacia adelante, más allá de las locuras del dictador de la estepa rusa.  

El libro ha estado siempre a nuestro lado, por eso Borges en el poema de los Dones dice: 

 

Lento en mi sombra, la penumbra hueca 

exploro con el báculo indeciso, 

yo, que me imaginaba el Paraíso 

bajo la especie de una biblioteca. 

 

El poeta también señalaba que Dios con “magnífica ironía” le había dado “los libros y la noche”. En plena realidad de guerra, si no mundial, sí en el mundo, al escribir este apartado de Poesía para no expertos vino a mi memoria un poema sacado de algún libro de Jaime Torres Bodet (lo que confirma que en tiempos luminosos u oscuros el libro es un aliado inefable) que nos ayuda a entender, pero sobre todo a enfrentar estos tiempos. Torres Bodet en Civilización dice: 

 

Un hombre muere en mí siempre que un hombre 

muere en cualquier lugar, asesinado 

por el miedo y la prisa de otros hombres. 

 

….. 

 

Un hombre muere en mí siempre que en Asia, 

o en la margen de un río 

de África o de América, 

o en el jardín de una ciudad de Europa, 

una bala de hombre mata a un hombre. 

….. 

Y nada está seguro de sí mismo 

—ni en la semilla el germen, 

ni en la aurora la alondra, 

ni en la roca el diamante, 

ni en la compacta oscuridad la estrella, 

¡cuando hay hombres que amasan 

el pan de su victoria 

con el polvo sangriento de otros hombres! 

 

Este poema se solía decir en los concursos de declamación de los años setenta, de hecho así lo conocí, en un certamen organizado por el Centro Escolar Niños Héroes de Chapultepec (CENHCH). Eran los días de la guerra de Vietnam, la revolución en Nicaragua y del golpe de Pinochet en Chile. Era en ese entonces un poema revolucionario; no obstante, conviene saber que fue escrito en plena Segunda Guerra Mundial; al releerlo, parece que Torres Bodet describe lo que vivimos hoy.  

Así son los libros, nos permiten revivir el pasado, vivir el presente y soñar el futuro; son, los libros, todos los tiempos verbales condensados en un conjunto de letras, papel y forros que nos hacen respirar.  

En este tiempo digamos no a la guerra, sí a los libros. Puede sonar baladí, pero es necesario afirmarlo. Soñemos al menos en que a través de la lectura y la poesía aún tenemos remedio como especie. 

 

 

Luis Antonio Godina

godinaluis@me.com 

 

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