Volvamos al arte

¿Qué hacer en los tiempos post pandémicos?, ¿a dónde ir?, ¿en qué entretenernos?, ¿cómo disfrutar la vida?, ¿cómo curarnos el alma?… Este mundo que se enfermó y que aún sufre los numerosos estragos de lo que dejó a su paso el letal COVID-19, necesita un alivio, un respiro, un aliciente que le permita tener calma y, por un momento, olvidarse de esta terrible situación de la que, por más que estemos atentos a los informes, no vemos que llegue a su fin.

Todos en algún momento regresamos a nuestro origen, buscamos nuestras raíces para solaz del espíritu y estar en equilibrio con el propio ser. Así, tras la pandemia, las personas debemos volver la mirada a una disciplina que siempre ha sido la cura para muchos males físicos, emocionales, mentales, anímicos y de cuyos maravillosos efectos curativos, por la cotidianeidad de los días, no nos dábamos cuenta; me refiero al arte.

Y no es necesario viajar a Francia para visitar el Louvre o ir a Egipto para admirar las pirámides, o a la India para conocer el Taj Mahal, si es que no se tienen las posibilidades económicas para hacerlo. Pero lo que sí podemos hacer, y sobre todo los que nos dedicamos a la docencia, es acercarles el mundo a nuestros alumnos por medio de los libros y de esta manera integrar la lectura con la expresión artística, para que puedan representar la propuesta literaria a través del arte.

En días pasados mis alumnos de 1° y 3° de secundaria terminaron de leer sendos libros y, lejos de hacer esos terribles reportes de lectura tan desgastados y antipedagógios, elaboraron maquetas miniatura de alguna escena de las que más llamó su atención. Qué gran sorpresa, algunos elaboraron verdaderas obras de arte y, entonces, como reza aquel dicho popular, mataron dos  pájaros de un tiro; por un lado plasmaron su creatividad e imaginación, y por el otro hicieron un trabajo  de comprensión lectora de primer nivel.

Lo anterior comprueba lo que expresan Smithrim y Upitis (2005): “Los estudiantes que participan en las artes exhiben mayores logros académicos que sus pares que no lo hacen, además de obtener beneficios tales como el desarrollo de la imaginación, una gran motivación para aprender, creatividad, índices menores de deserción e incremento de las habilidades sociales.”

Y si al momento de la lectura en las aulas le sumamos, además, música lograremos un impacto importante en el desarrollo de la fluidez para leer, aparte de lograr niveles profundos de sensibilidad, que es de lo que hoy carece la mayoría de los jóvenes estudiantes. Por lo tanto, es prioridad que en las escuelas  se retomen las artes como piedra angular de la educación básica y por medio de los adolescentes contagiar a sus padres para que se acerquen aún más a la literatura, y de paso a todas las bellas artes como solución o catarsis de muchas situaciones que son parte de la vida misma pero que en varias ocasiones no sabemos manejar con éxito. Así que volvamos, siempre, la mirada al arte.

 

 

Éricka E. Méndez Ortega

eryelmeor@gmail.com

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