Cuando el sonido se encuentra con la forma
MÚSICA
Sergio Rizzo
Aunque a primera vista la música y la arquitectura parecieran artes que están muy distantes entre ellas, tienen muchas similitudes y conexiones entre sí.
La forma en que el sonido se propaga en una sala influye en cómo escuchamos la música. Las salas de conciertos, las iglesias y los teatros están diseñados para crear claridad, calidez y profundidad sonoras.
La música y la arquitectura juntas trabajan con el espacio, el tiempo y la emoción, creando experiencias que trascienden a la mera recepción.
Los materiales y las formas geométricas también influyen sin duda en cómo percibimos la música. La madera, el metal, o los textiles alteran los timbres, la amortiguación y la reflexión de la superficie; dan forma a la sensación de cercanía, intimidad o extensión monumental.
Un ejemplo de esto son las grandes catedrales góticas. En estos lugares, la elevación arquitectónica y la iluminación en los espacios provocan esa sensación de veneración religiosa. Basta con escuchar el sonido de los órganos monumentales para sentir que estamos en otro mundo.
Otro ejemplo maravilloso, aunque ya perteneciente al siglo XX, es, sin lugar a duda, la Casa de la Ópera de Sidney. Este edificio, que además se ha convertido en un emblema nacional, fue diseñado por el arquitecto danés Jørn Utzon, en 1957, e inaugurado el 20 de octubre de 1973.
Y qué decir de nuestro maravilloso Palacio de Bellas Artes. Ubicado en el pleno centro histórico de la Ciudad de México, fue planeado para la celebración del primer centenario de la Independencia por orden de Don Porfirio Díaz, aunque no concluido hasta 1934 debido a la Revolución Mexicana.
En este recinto no sólo está la música como principal elemento del arte, sino que se pueden disfrutar 17 murales de grandes artistas, de la talla de Siqueiros y Diego Rivera, haciendo del Palacio de Bellas Artes una maravilla de nuestro país.
Por supuesto, este lugar ha sido sede de grandes conciertos, tanto de música popular como de música clásica, y es sede de la orquesta sinfónica nacional, además, de la compañía nacional de danza.
En las salas de grabación, los materiales para aislar el ruido exterior son de gran importancia. Sin el diseño adecuado de los espacios, la música se contaminaría terriblemente.
En conclusión, es necesaria la sapiencia de los arquitectos para que los sonidos que salen de las notas musicales lleguen a nuestras emociones y hagan de la experiencia auditiva un gran placer.
Los dejo como de costumbre con un enlace para que disfrutemos de la música. En esta ocasión, se trata de Tocata y Fuga de Johann Sebastian Bach, obra que, desde sus inicios, fue disfrutada gracias a la arquitectura de las catedrales.
Hasta la próxima.
Leave us a reply