La crisis actual se llama “des-educación”

“Los conocimientos que adquieren  

son básicamente <<desechables>>,  

buenos sólo hasta que llegue  

el siguiente aviso, y  

sólo útiles de modo temporal. 

 

Zygmunt Bauman 

(1925-2017) 

 

Para hablar de la educación, resulta emblemática la frase lapidaria del que fuera el profesor de Simón Bolívar, es decir, Simón Rodríguez (1769-1854), que reza: “Enseñen a los niños a ser preguntones, para que, pidiendo el porqué de lo que se les mande hacer, se acostumbren a obedecer a la razón, no a la autoridad como los limitados, no a la costumbre como los estúpidos.” Precisamente, ése ha sido el problema central en los últimos 300 años de la humanidad, y no es exclusivo de los países de América Latina. Y es lo que se refiere a la educación que se lleva a cabo desde los primeros años de las mujeres y los hombres. 

Desde hace ya un tiempo considerable, se ha implementado en el mundo occidental una educación instrumental, en donde se capacita a los niños para que, al llegar a la edad adecuada, tengan una serie de características con las que el sistema requiere que cuenten, como lo define, y es su crítica constante, el filósofo norteamericano Noam Chomsky (1928), al sostener: “Se forma a los estudiantes para que sean trabajadores sumisos, consumidores expectantes y ciudadanos pasivos.” (Chomsky, Noam (2001).  La (Des) Educación. Barcelona. Critica Editorial Planeta)  

Nuestra educación se ha formado de esa manera; la prueba la tenemos con lo sucedido en los tiempos del nazismo. Es el ejemplo más claro de la educación instrumental: pugnó porque esas generaciones fueran pasivas, incluso, más que eso, “indiferentes”, como si no sucediera nada. 

Y es lo que hemos heredado desafortunadamente de esos tiempos; por ende, la indiferencia se aprende en las escuelas, no nos importa lo que le suceda al de junto, al vecino, al conocido, en tanto no me suceda a mí; es más, puede sucederle al familiar, pero no a mí; ésa fue la indiferencia de la población alemana que permitió que se sucediera el genocidio causado por el nazismo y que hoy seguimos padeciendo con otras situaciones y hechos históricos. Por ello, la educación tiene mucho que ver con el comportamiento del ser humano en la edad adulta, o, mejor dicho, en la edad “productiva”. 

El filósofo francés Edgar Morin (1921) sostiene al respecto: “La escuela y la universidad enseñan conocimientos, pero no la naturaleza del conocimiento, que lleva en sí misma el riesgo del error y de la ilusión.” (Morin, Edgar, Enseñar a vivir: Manifiesto para cambiar la educación, Buenos Aires, Ediciones Nueva visión, 2015.) La educación actual no enseña a pensar, menos a conocer el entorno, la cultura, ni mucho menos la solidaridad; eso hay que dejarlo para otra ocasión, cuando lo primero que se debe de enseñar es a ser pensante y con ello se sigue el conocimiento de nuestro entorno y de nuestra cultura. Así lo sostenía Simón Rodríguez. Sin embargo, pensar es también criticar, pero con conocimiento de causa; si no es crítica, es simplemente vituperar, que de ello tenemos llenos los cafés y reuniones de amigas y amigos. Para criticar hay que pensar y conocer, y ésos son dos puntos de los cuales la educación oficial en el mundo global hace poco para llegar a ello; es más, lo evita. 

El sociólogo más importante de los últimos tiempos, el polaco Zygmunt Buaman, sostenía al respecto: “Hoy, ha llegado el momento de sentir pánico ante la idea del creciente número de personas que están infraeducadas. Por lo tanto, no aptas para la investigación en laboratorios, para los talleres de diseño, para dar conferencias en auditorios, para trabajar como artistas o en las redes de comunicación. (BAUMAN, Zygmunt. “Sobre la Educación en un Mundo Líquido”, Paidós, España, 2013) 

El problema principal en la educación es la ausencia de herramientas que se da en la educación oficial para que los niños sean pensantes, y después, en su caso, críticos, y no “criticones”; esas herramientas las dan las materias que corresponden a las ciencias sociales, porque solamente haciéndolos pensantes, se puede entender el entorno y con ello la cultura. Pero lo que estamos viviendo constantemente es la modificación de las materias en los niveles básicos de educación, como es el caso del repudio que se tiene sobre las ciencias sociales, por lo que se han dejado a un lado en muchos planes de estudio del mundo occidental materias como historia, lógica, filosofía, sociología, civismo, etc., que son áreas del conocimiento que forjan al futuro ciudadano como un ser pensante y no solamente como un técnico  que domine una fórmula física o química, o que resuelva los problemas de la tecnología de la información. 

En voz del profesor español Fernando Savater (1947) se sintetiza esa problemática de la educación: “¿Cómo van a transmitirse valores morales o ciudadanos sin recurrir a informaciones históricas, sin dar cuenta de las leyes vigentes y del sistema de gobierno establecido, sin hablar de otras culturas y países, sin hacer reflexiones tan elementales como se quieran sobre la psicología y la fisiología humanas, o sin emplear algunas nociones de información filosófica? (Savater, Fernando. “El Valor de Educar” Editorial Ariel. Barcelona España. 2009)  

No es mucho lo que hay que quebrarse la cabeza, ni hacer grandes teorías y diseños, para conformar una educación más reflexiva, más apegada a la realidad y propagar nuestra cultura, pues ya lo han dicho todos estos principales pensadores del mundo occidental; simplemente hace falta voluntad para ejecutarlo; la consecuencia de ejecutarlo es el temor de nuestro sistema-mundo; por ello es que la crisis actual y de los últimos tiempos se llama “des-educación”.  

 

 

Silvino Vergara Nava 

(Web: parmenasradio.org) 

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