La familia como valor supremo y núcleo de la sociedad

Si algo nos enseñó a todos la saga cinematográfica de «El Padrino», basada en la novela homónima de Mario Puzo, es que nada hay por encima de la familia, de sus intereses, de su honor, y del respeto que se le debe. Pues más allá de la calidad moral de sus personajes, al tratarse de una historia de gánsteres, y por lo tanto de criminales, vemos que éstos poseen todo un código de honor basado en los valores familiares: no se habla de negocios a la mesa frente a las mujeres y niños de la familia; el jefe de ésta es un «Don» que tiene el respeto y la veneración de todos; y en última instancia, todo lo que se hace, aun las acciones más terribles, se hacen por la familia (incluida la venganza).

No en balde esto es así en las sociedades en general, y sobre todo en las sociedades latinas, donde la familia tiene una importancia capital. Es el núcleo de las relaciones humanas, la unidad por excelencia, el grupo central en donde se encuentra refugio y apoyo incondicional. Sin la familia, ningún individuo es nada, y si no se tiene como centro y como valor supremo a la familia, todo lo que haga el ser humano carece de valor. Esto está muy bien reflejado en «El Padrino» y en las acciones de sus protagonistas, quienes son italoamericanos, y por lo tanto latinos.

Pero más allá de ficciones literarias y del séptimo arte, la enseñanza es clara y real: nada es más importante que la familia, y a ésta se le defiende y respeta por encima de todas las cosas. La familia es el valor supremo, y nada hay peor que traicionarla, y más aún si se le traiciona en beneficio de intereses ajenos. Esto es algo universal, y ha sido así a lo largo de la historia. Así lo demuestran las tradiciones y la literatura de todos los pueblos.

Y sin embargo, vemos en la actualidad discursos políticos e ideológicos tendientes a destruir a la familia o a mostrar una imagen distorsionada de la misma. Se habla de ella en tono despreciativo, y se venden modelos sociales en los que la familia ha perdido su lugar preponderante en la sociedad, se presenta en muchos casos como un obstáculo a los intereses de individuos aislados que preferirían prescindir de ella, a quienes no les interesa formar una propia, e incluso se habla con desdén de la veneración que se debe a los ancianos y a los abuelos, a sus dichos, opiniones y sabiduría.

Frente a tanto ataque sistemático a la familia en el actual discurso proveniente de tantos frentes que se dicen progresistas, lo que toca es recuperar a la familia como valor supremo, fortalecerla y empoderarla. Y esto debe de hacerse desde la enseñanza y educación de un hogar unido, para que ni los medios, ni la escuela, ni el Estado, ni las redes sociales les digan a las juventudes cómo debe ser la familia según las concepciones de las agendas ideológicas.

Se acerca la época navideña, época que desde siempre ha tenido en el sentir de la gente un significado profundamente familiar. Y en esta época de relativismo y pérdida de valores, en la que hasta nuestras más queridas tradiciones se ven bajo ataque por parte de quienes quisieran ver destruida la cultura que por siglos hemos construido, lo que toca a las familias mexicanas es recuperar el profundo significado de ésta y otras fiestas, y volver a colocar a la familia y al hogar en el centro de todo.

Feliz y familiar Navidad a todos nuestros lectores.

 

 

Miguel Campos Quiroz

camposquirozmiguel@gmail.com

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